CUERPXS MANIFESTADXS

CUERPXS MANIFESTADXS.

#Publicaciones #Cuerpo #Expresiones

~Textos de Agostina Guzzo, Carla Santángelo Lázaro, Noelia Gauna y Sara Zironi.

«Hay un cuerpo que me habla»
Cuatro elementos, cuatro herramientas.
Una edición en 5 capítulos donde materializamos manifestaciones corporales como el dolor físico, sexualidad, violencia, placer, territorio. Y los abordamos desde diferentes ejes expresivos que nos atraviesan como seres sintientes, la poesía, la literatura, diferentes terapias y técnicas de sanación.  
«Compartamos el hecho de aprender a conectar con el lenguaje del cuerpx, a dialogar con él, con nuestrx cuerpx, reconocer qué necesita, qué quiere decirme.»

#MiércolesEnLaRepu

E02 ~ SEXO

ABRIR LA PREGUNTA

Sara Zironi

Cuando hablamos de sexualidad, muchas veces, nuestra mente se dirije al sexo, a lo genital.
Las palabras y la construcción alrededor de ellas van generando también experiencias y muchas veces sus respectivas jaulas.
Tal vez hoy estemos en un momento de poner en duda, de repensar los significados, las creencias, los discursos para justamente poder ampliar esa experiencia y poder encontrar quienes estamos siendo, y quienes no estamos siendo, tal vez.
Es necesario que ocurra.

Desde mi lugar, la sexualidad va más acá y más allá del sexo.
Comparto lo que dice Sofia Lobo Parisi: La sexualidad es todo proceso corporal regulado por el placer.

Entonces nos pregunto, cuales son los procesos de tu vida regulados por el placer, donde has perdido ese placer … que emociones te surgen en esos procesos de placer.
Dentro de esos procesos incluyo la menstruación, con todo lo que abarca y pienso como en el transcurso de la historia se ha desconectado de ello, llegando a ser medicalizado como si fuera una enfermedad.

El dolor que nos distancia del placer,
volver a reencontrarnos con ese camino.
Reencontrar las huellas.

¿Qué sucede qué los procesos femeninos que se han construido y tratados como procesos que necesitan ser medicalizados, silenciados, avergonzados, culpógenos?
Menstruación, embarazo, menopausia.

Para abrir la pregunta me gustaría traer la voz de Fabiana Villalba que acompaña a través del Tantra, a partir de una pequeña entrevista para qué nos comparta su nutritiva visión:

“En este proceso de recuperar la sexualidad cuestionar es para mi la clave, pero siento que algo realmente se abre cuando ese cuestionamiento se hace desde el cuerpo y empezamos a explorar nuevas formas de estar en el cuerpo, habitarlo y encontrar la manifestación del placer y el erotismo. 

Creo que la primera pregunta a hacernos es ¿Qué lugar ocupa la sexualidad en mi vida? ¿está relegada al encuentro con un otre? ¿a la exploración conmigo misme? ¿atraviesa mi vida? ¿A qué aspectos asociamos la sexualidad? 

Luego preguntarnos por el placer ¿Qué es para cada une el placer? ¿Cuánto espacio hay en mi sexualidad para el placer? ¿y en lo cotidiano? …

Y yendo más a lo profundo, ¿qué entendemos por erotismo? ¿nos sentimos eróticxs, erotizades? 

Venimos de un modelo de aprendizaje en donde alguien que sabe más que yo, me transmite el conocimiento y esto deja poco espacio para la investigación, la pregunta y el desarrollo del pensamiento propio, que surge a través de la vivencia en el propio cuerpo, en la subjetividad: somos un cuerpo-sujeto, que en su naturaleza primal es sexual, erótico y en placer.

Si yo puedo percibirme siendo cuerpo puedo empezar a buscar las maneras de recuperar esos estados naturales de placer, sexualidad y erotismo. 

Creo que está bueno preguntarse ¿de qué maneras o en qué momentos puedo percibirme cuerpo sujeto? seguramente para cada quien sea diferente, bailando, caminando por el bosque, haciendo el amor, teniendo un orgasmo, amamantando, haciendo yoga, respirando, escribiendo, dando una clase, etc, etc, etc y entonces puedo preguntarme si encuentro placer siendo cuerpo- sujeto? ¿si ese placer se condice con la idea o el preconcepto que tengo del placer? y siempre preguntarnos cómo podemos habilitarnos más este espacio

Mi exploración de la sexualidad tiene que ver con eso, con posibilitar espacios para la exploración propia, no queriendo dar una definición propia y acabada de que es la sexualidad sino de abrir el espacio para que cada une se encuentre con lo propio, con aquello que la vida expresa a través de su individualidad y esto es incomodo porque implica un cambio de perspectiva, no sigue una lógica patriarcal de conquista del conocimiento y resolución de un aspecto o problema sino que tiene que ver con un profundo encuentro con une misme. 

Siento que estamos en ese momento de construcción colectiva del saber, donde no hay verdades absolutas sino preguntas.

¿Qué es la sexualidad para vos? ¿dónde se manifiesta en tu cuerpo? ¿Qué es el placer? ¿qué se erotiza? ¿Tiene que ver con el amor? ¿con lo creativo?”.

Estoy leyendo un libro que se llama “el placer borrado, clítoris y pensamiento” de Catherine Malabou.

Y aunque la sexualidad va más allá del sexo, de la genitalidad, cuan importante reconocer, visibilizar, hablar, sobre el placer femenino y en ello sobre el clítoris.
Porque ello hace a nuestra sexualidad, a nuestra integridad.

Como una parte anatómica de nuestro cuerpo puede contener tanto, nuestra memoria, historia, cultura está inscrita en el cuerpo…
El cuerpo pensamiento.
El clítoris, el placer por el placer mismo, esa anatomía silenciada, invisibilizada, manipulada,
cuanto peligro hay en el que necesito ser anulado, extirpado, confundido.

“El clítoris lleva todavía hoy la huella de una herida contra la cual las palabras se rompen como olas, y de las que se apartan no bien aparecidas.
…el lugar enigmático de lo femenino. Lo cual quiere decir que todavía no ha encontrado su lugar.
Mis trazos son en sí mismos pequeños clítoris de escritura. Dibujan sin darle figura el estatus de un órgano de placer que, aun escrúpulo, jamás se convirtió en un órgano de pensamiento.”
Y al final de su libro nos comparte una reflexión para seguir abriendo la pregunta….

“Clítoris, anarquía y femenino, que a mi entender están indisolublemente ligados, constituyen un frente de resistencia consciente a las derivas autoritarias de la resistencia misma. La derrota de la dominación es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo. El feminismo es sin duda una de las figuras más vivas de ese desafío, punta de lanza muy expuesta justamente porque carece de arjé (ausencia de principio, de mando).
Pero sin principio no quiere decir sin memoria. Por eso me parece vital no amputar al feminismo del femenino. Lo femenino es ante todo un recordatorio, un recordatorio de las violencias ejercidas sobre las mujeres, de ayer y hoy, de las mutilaciones, violaciones, acoso, feminicidios. De esa memoria, el clítoris, es a no dudar, y en muchos aspectos, el depositario, símbolo y encarnación a la vez de lo que la autonomía del placer de las mujeres representa de insoportable. al mismo tiempo, cómo ya he dicho, lo femenino trasciende a la mujer, la desnaturaliza para proyectar, mas allá de las vilezas de los abusadores, grandes o pequeños, el espacio político de una indiferencia a la sujeción.
Lo femenino une esa memoria a este porvenir”

Y me gustaría cerrar diciéndonos que tomemos el camino que tomemos, que lo hagamos desde la ternura y la paciencia, dejando poco a poco de lado la exigencia, aprendiendo a escuchar a nuestro cuerpo y su ritmo.
Ya cargamos con demasiados dolores para seguir forjándonos más dolor para cambiar desde un discurso que nos apremia al cambio para un mundo mejor.
Eso sí, hagamos, accionemos, poco a poco, pero hagamos, que la mente no nos absorba.
Hagamos tierra.
Con otrxs.

narrar el cuerpx

Carla Santángelo Lázaro 

Deseo y escritura no pueden separarse. El deseo entendido como una pulsión vital mueve la escritura hasta que el ejercicio de escribir libera aquello guardado, reprimido, olvidado o no identificado. La escritura es deseo en tanto que es pregunta que quiere ser proyectada.

«Un deseo buscaba su morada. Yo era el deseo. Yo era la pregunta. Destino extraño de la pregunta: buscar, perseguir las respuestas que la calmen, que la anulen» dice Hélène Cixous en su libro La llegada a la escritura.

Si palabra y deseo van de la mano, ¿cuál es la relación entre palabra y erotismo? Y después, ¿cuál entre la palabra y la sexualidad?

Partiendo del control sobre los cuerpos que ejerce el sistema patriarcal, podemos entender el erotismo como un campo exploratorio que está al mismo tiempo construido en nuestro imaginario y que es susceptible de ser reescrito una y otra vez desde la palabra. La escritura se erige entonces como una forma de articular corporalidades y sexualidades posibles. Ante la determinación asfixiante del poder sistémico: no tendrás sexo si no es a mi manera, la intimidad de cada cuerpo pregunta: y por qué no.

A partir de esta pregunta, quiero poner el foco en la poesía, ya que el lenguaje poético rompe el orden apolíneo de las cosas y las conjura, las embriaga. La poesía subvierte la realidad a través de un lenguaje llevado al borde de sí mismo. La poesía, si se lee como el género literario más cercano a la intuición y la emoción, tiene mucho que aportar al silenciamiento de la sexualidad en nuestra cultura occidental.

La poesía erótica, que puede entenderse casi como un subgénero, fue un territorio que las mujeres tuvieron que ocupar poco a poco. Históricamente esta poesía estuvo contenida por metáforas y otras figuras retóricas que envolvían el eros con un manto de misterio. En esa tradición en que las mujeres escriben su estar erótico entre ejercicios de metaforización se encuentra, por ejemplo, este fragmento de Minerva Margarita Villareal:



Te besaré
atravesaré tu cielo
me internaré en tus ramas
circularé en tus líquidos
surgiré de la yema de la corteza de tu tronco
me alimentaré de tu jardín

 

Pero el lenguaje poético también ha ido permitiendo, sobre todo a lo largo de los dos últimos siglos, develar una sexualidad diversa, despojada y libre de concesiones.

Dejando de lado el hecho de que un análisis sobre poesía y sexualidad me llevaría muchas páginas y sabiendo que dejo fuera muchas voces, voy a tomar como referencia la poesía de tres autoras que rompen el silenciamiento de su sexualidad a partir de una experiencia entendida como «inadecuada», tomando el término del libro Poesía lesbiana queer, cuerpos y sujetos inadecuados de Elena Castro. Es decir: una práctica sexual «incómoda» para la sociedad en la que es experimentada. Pues, si bien pensamos que como sociedad lectora ninguna de estas prácticas que traigo nos parece a priori «inadecuada» todavía existe en nuestro imaginario social un cierto tabú respecto de las experiencias de emancipación sexual de las mujeres.

En su poema Más vieja, Sharon Olds escribe:



Cuanto más vieja me pongo, más me siento
casi hermosa- no mi cara, una cara común,
puritana, sino mi cuerpo. Y tendré
cincuenta, pronto, mi cuerpo
se marchita, huesudo, y me gusta su
rugosidad plateada, la piel que se afina,
la superficie de un lago rizada por el viento, un espectro
arrugado, un pliegue de humo. Sin embargo
cuando miro hacia abajo puedo ver, a veces,
cosas que, si las viera una mujer joven, la harían
gritar como en una película de terror,
quedo convertida en bruja en un instante—si me inclino
lo suficiente, puedo ver la piel fina
de mi estómago frunciéndose
y colgando en pequeños picos, como yeso fresco.
Y sin embargo puedo imaginarme a los ochenta, hecha
enteramente, por fuera, de eso,
y haciendo el amor con la misma dignidad
animal, el túnel todavía igual
al interior de una bráctea color frambuesa.
De pronto me veo joven a mí misma
al lado de esa octogenaria, me veo
como su hija, mi carne suelta y drapeada
muestra los ángulos largos de estos extraños
huesos como las manijas de utensilios de cocina hechos en el cielo.
Cuando era más joven, me veía a mí misma,
a veces, como el tosco dibujo de una hembra—
los pechos, el destello de las caderas de los años 40—
pero este grisáceo ser abollado es confortable como
una vieja prenda favorita, es casi
amable, ahora, para mí. Por supuesto, es
el amor de él el que estoy viendo, el trabajo de su pulgar
sobre este centavo de la suerte —cinco veces
cinco años en su bolsillo. Quizás
aún si me muriera, él no me vería fea.
A veces, ahora, bailo
como humo chato sobre una chimenea.
A veces, ahora, creo que vivo
en el lugar donde se hace la bebida solemne, salvaje
de acabar, no estoy todo el día acabando,
pero vivo todo el día en el lugar donde eso se hace.

 

En este poema la voz lírica se enuncia desde la vejez, ese «lugar» que se supone asexuado. La carne «suelta» se despierta por el placer del encuentro. Una mujer madura que aunque socialmente esté estigmatizada en términos sexuales, pues se presupone una subjetividad sin sexo, compone un poema de sexualidad autodeterminada y emancipadora cuando dice «puedo imaginarme a los ochenta, hecha enteramente, por fuera, de eso, y haciendo el amor con la misma dignidad
animal, el túnel todavía igual al interior de una bráctea color frambuesa».
Es decir, la mujer adulta se proyecta en la vejez para dotar de dignidad su cuerpo y su sexualidad. En este sentido, y aunque al final del poema aparece «el otro» cuando escribe que «es el amor de él el que estoy viendo, el trabajo de su pulgar sobre este centavo de la suerte», puede leerse también como un ejercicio de erotismo consigo, reconociendo cada rincón de sí misma.

De hecho, la posibilidad de proporcionarnos placer a nosotras mismas es otra de las cosas que la sociedad ha invisibilizado durante siglos. Por ejemplo, en el poema de Luna Miguel que se llama Este es el primer poema que escribo totalmente desnuda la voz poética está, como veíamos en Olds, con unx otrx y al mismo tiempo consigo misma. Aunque inicia chocando los pies descalzos contra los de alguien más, destaco los versos en los que dice «hoy me despierto descalza y es casi verano
bajo la manta me rozo contra mí
me restriego contra mí» y así produce un efecto de intimidad erótica en la que el cuerpo propio es una posibilidad suave y placentera: escribir desnuda, restregarse, reconocerse.

El poema completo:


Sé que llega el verano porque bajo la manta mis pies descalzos
chocan contra tus pies descalzos y todo es suave
el corazón que hubo en mi vientre fue corazón y no latía
fue vida y no latía
fue nuestro mejor deseo
hoy me despierto descalza y es casi verano
bajo la manta me rozo contra mí
me restriego contra mí
ya llevo más de quince días sangrando
sé que llega el verano y hasta que llega escribo desnuda
porque desnuda es como hacemos a los bebés
y así siento cariño
estoy contenta
todo es más suave.

 

Dos prácticas sexualmente «inadecuadas» para la sociedad que condena la autodeterminación «femenina»: sexo en la vejez y autoplacer.

Por último, traigo un poema de Cristina Peri Rossi, Once de septiembre. Esta elección se debe, por un lado, a la legitimación del odio homófobo que se está viviendo en España —desde donde escribo— por parte de determinados sectores del poder y que demuestra que una parte de la sociedad está lejos de entender lo diversa que es la sexualidad humana. Por otro lado, este poema trae una contraposición entre un hecho histórico tan recordado como el 11-S que se instaura en la dimensión de lo público y el encuentro sexual entre dos personas que se produce en la intimidad. Ese afuera se toca con el adentro sin terminar de afectarlo, pues mientras la voz poética se ve interpelada por lo sucedido, nos recuerda que ella mientras tanto «fornicaba hasta morir».

Leamos a Peri Rossi:



El once de septiembre del dos mil uno
mientras las Torres Gemelas caían,
yo estaba haciendo el amor.
El once de septiembre del año dos mil uno
a las tres de la tarde, hora de España,
un avión se estrellaba en Nueva York,
y yo gozaba haciendo el amor.
Los agoreros hablaban del fin de una civilización
pero yo hacía el amor.
Los apocalípticos pronosticaban la guerra santa,
pero yo fornicaba hasta morir
–si hay que morir, que sea de exaltación–.
El once de septiembre del año dos mil uno
un segundo avión se precipitó sobre Nueva York
en el momento justo en que yo caía sobre ti
como un cuerpo lanzado desde el espacio
me precipitaba sobre tus nalgas
nadaba entre tus zumos
aterrizaba en tus entrañas
y vísceras cualesquiera.
Y mientras otro avión volaba sobre Washington
con propósitos siniestros
yo hacía el amor en tierra
–cuatro de la tarde, hora de España–
devoraba tus pechos tu pubis tus flancos
hurí que la vida me ha concedido
sin necesidad de matar a nadie.
Nos amábamos tierna apasionadamente
en el Edén de la cama
–territorio sin banderas, sin fronteras,
sin límites, geografía de sueños,
isla robada a la cotidianidad, a los mapas
al patriarcado y a los derechos hereditarios–
sin escuchar la radio
ni el televisor
sin oír a los vecinos
escuchando sólo nuestros ayes
pero habíamos olvidado apagar el móvil
ese apéndice ortopédico.
Cuando sonó, alguien me dijo: Nueva York se cae
ha comenzado la guerra santa
y yo, babeante de tus zumos interiores
no le hice el menor caso,
desconecté el móvil
miles de muertos, alcancé a oír,
pero yo estaba bien viva,
muy viva fornicando.
“¿Qué ha sido?”, preguntaste,
los senos colgando como ubres hinchadas.
“Creo que Nueva York se hunde”, murmuré,
comiéndome tu lóbulo derecho.
“Es una pena”, contestaste
mientras me chupabas succionabas
mis labios inferiores.
Y no encendimos el televisor
ni la radio el resto del día,
de modo que no tendremos nada que contar
a nuestros descendientes
cuando nos pregunten
qué estábamos haciendo
el once de septiembre del año dos mil uno,
cuando las Torres Gemelas se derrumbaron sobre Nueva York.

 

Con estas tres poetas tan distintas entre ellas propongo pensar la poesía como un acto de dulce rebelión sexual. La poeta que se mira la carne colgante por los años y aun así celebra su cuerpo lleno de goce. La poeta que, desnuda en la cama, siente la posibilidad erótica de escribir. La poeta que, mientras afuera hay una colisión, una guerra despertando, es succionada, chupada por su compañera y pierde la posibilidad de responder algo «aceptable» a la pregunta de «¿Y tú, qué estabas haciendo el once de septiembre del año dos mil uno?».

Poesía, sexualidad, erotismo, deseo. Un recorrido por los pliegues del cuerpo y del lenguaje. Una posibilidad de reconocernos, de empujar los límites, de vivirnos como sujetos que, a través de la palabra, eligen cómo sentir y preguntan: ¿por qué no?

Poemas:  Sharon Olds, Luna Miguel y Peri Rossi
Fotografias: Paula Aparicio

maestrx interior

Noelia Gauna

¿Acaso ser espiritual es privarse del placer?
En la Filosofía de Patanjali, un yama, llamado brahmacharya, se refiere al control de los sentidos, y sobre todo a la sublimación de la sexualidad, para convertirla en vigor.
En el tantra yoga, la sexualidad es encuentro con la divinidad.
No existen hechos solo interpretaciones. Depende de cada maestro la percepcion sobre el sexo, depende de tu maestria tu interpretacion.
Budha tuvo su etapa de lujuria plena.
Bebe el agua de mi pozo dice Madgalena a Jesus, y es ahí de donde surge la palabra esposo en el sentido más metafórico.
Ambos avatares Budha y Jesus, tuvieron hijos.
Y aun así las instituciones nos llenaron de tabues y culpas respecto al sexo, y endurecieron nuestros musculos, hasta llegar tan profundo en algunas mentes, al punto de tener miedo al placer.

Desde la bioenergética de Lowen, la energía sexual es sinónimo de salud.
una persona saludable tiene una sexualidad plena, y viceversa.Dicha energia sexual, va mas alla del placer, tambien es el gozo de estar vivos, sintiendo al sexo hasta en el saborear de los alimentos. El comportamiento sexual no puede separarse de la personalidad del individuo, por lo que tampoco puede modificarse sin los correspondientes cambios en su personalidad.
La satisfacción sexual completa no se consigue, según Lowen, a través de determinadas técnicas sexuales, sino que es el resultado de una forma de vida: la experiencia de una personalidad madura.
La persona sexualmente madura vive y respeta su cuerpo y sus sentimientos. Esta autoaceptación, la capacita para amar y respetar a su pareja y a todos los seres vivos.

Si nos expresamos, si liberamos esos nudos de dolor y frustración, si soltamos la tensión y la rigidez, si abrimos las corazas, y nos encontramos primero con el placer en nuestro cuerpo, con nuestro propio toque amoroso, podemos hacer lugar a la vitalidad, al placer, al amor del encuentro con otro cuerpo, mente y alma.

Para gozar tenemos que tener la voluntad de sacarnos las mochilas de prejuicios, mitos, y condicionamientos, que a veces no podemos ver.
Que hermoso sería el mundo si todos pudiéramos disfrutar sin juzgar, de lo efímero y la sanación del gozo propio, y del goce con el otro.

La sexualidad va madurando, es fluida, va mutando, como la vida, eso espero, porque me ha cruzado la vida, con adultos mayores que gozan en su intimidad, y derribar ese tabú del placer sexual en la vejez, es parte del nuevo lenguaje colectivo.
Si fuera una monja, o un ermitaño, mi destino naturalmente me llevaría a sublimar el placer sexual, pero me dieron este cuerpo y quiero vivirlo por completo.
Soy espíritu, soy mente, soy cuerpo.

Este poema lo escribí en pandemia, después de un taller de sexualidad sagrada y empoderamiento femenino.

Te daré agua viva de mí pozo sagrado
Tu dame agua viva de tu pozo sagrado
Soy mujer caverna, que mantiene el fuego 
 Soy mujer divinidad, que goza de la medicina del sexo
y cuando llega al orgasmo eleva su rezo

La sexualidad, el goce, el placer, dependen de cuán abierto y libre de juicios se sienta ese cuerpo.

Lo que uno experimenta es más fácil de transmitir, por eso voy a hablar de mi recorrido en la sexualidad, para llegar a este momento de la vida donde la sexualidad se volvió un espacio sagrado de autoconocimiento para llegar al placer y para dar placer.
Esa construcción tuvo sus momentos de contradicción, porque de adolecer y de los mandatos, no se salva nadie. Sobre todo si sos parte de una familia católica, llena de represiones, secretos y mensajes malinterpretados por la manipulación cultural.

Tuve la mala fortuna de iniciar mi camino sexual, siendo abusada por alguien que conocía desde muy pequeña, entonces fue difícil llegar a este momento donde puedo decir que sobreviví a una de las situaciones más fuertes que una persona puede atravesar.
Esto inevitablemente condiciono mi sexualidad.

 

¿Cómo gozar de la sexualidad si algo traumático te sucede, o si tú cultura y tú religión te ponen límites concretos y también inconscientes?

Antes del abuso, he sido una niña, que tempranamente pudo experimentar placer con su propio cuerpo, y cuando un adulto me hizo ver que eso estaba mal, muchos años reprimí y no podía hablar de la masturbación. Y tampoco podía gozar. Tenía una herida muy profunda. Necesité tiempo y errores.

Decir las cosas por su nombre, requiere valentía, y si tengo el coraje de decir que se puede volver a sentir placer, jamás negaría, los momentos de represión,de dudas, de investigación,de confusión, de expansión, de monogamia plena, de celibato natural, por los que transite hasta habitar plenamente el goce más profundo e íntimo conmigo y también el goce y el encuentro con otro cuerpo.

Fue un trabajo encontrar la llave que me abra de nuevo al placer, y gracias a tantas búsquedas, a la literatura, a la psicología tradicional, la bioenergética de Lowen,la biodescodificación, el yoga, el reiki, la meditación, la terapia akáshica y mis amigas, estoy sentada aquí siendo hoy en día una mujer que goza.

El poder de la comunidad, de la familia, el poder de la escucha en el momento oportuno, la dicha de encontrarnos con la información que necesitamos, me hacen valorar al sexo y al cuerpo tanto como a la mente y al espíritu. 

Fotografias: Paula Aparicio

23 CICATRICES

Agostina Guzzo

El cuerpo es fuente de dolor y también, principalmente, de placer. Siento que hay muchas formas en las que le puedo dar placer a mi cuerpo. Una de ellas es cada vez que entro en contacto con el agua, todo se me vuelve goce en una simple ducha, pileta, el Paraná o el mar. La comida y la bebida me son tan sublimes que a veces creo que toda mi carta astral es tauro, pero no, ni un solo planeta. Más bien, en mi carta, el signo mayoría es escorpio. Entonces en ese vínculo placer – cuerpo se me ocurre hablar del Arte de la Sexualidad.

El arte es un producto, una actividad, producciones del ser humano con fines estéticos y simbólicos. Habilita las expresiones de las emociones, ideas, inquietudes; el arte comunica, cuenta de la visión del mundo del artista.
>>El origen de la palabra arte se vincula al latín ARS/ARTIS, como habilidad y al griego como técnica.
Lo más sublime del arte, comprendo, es ese atravesamiento que nos enciende los sentidos, una especie de juego, lo buscamos, los creamos, nos brinda, le brindamos. El arte nos sensibiliza.
La sexualidad es un concepto tan amplio que lo recorto partiendo de la base sexualidad – consentimiento, sigo recortando y la limpiamos de su parte reproductiva y de transmisora de enfermedades. Recorto sus modos hasta llegar a lo más básico, el placer de la sexualidad. La sexualidad como un goce infinito, de mi cuerpo consigo o de mi cuerpo con otro cuerpo.
Es ahí entonces que todos mis sentidos buscan producir placer, a veces con un fin, el orgasmo, que podría ser la obra resultante pero el proceso lo es todo. En ese crear, requiero técnica, las mías, que son únicas, como toda sexualidad, las que se acomodan a mi cuerpo, de las que gozo, las que me retroalimentan. Incluso esto cambia con los años, artistas mutantes. Cambian si es sola o si es con ese otro. No me da lo mismo la mano en un lado que en otro, un milímetro puede serlo todo.
Como todo arte, la sexualidad requiere formas, texturas, sonidos, gemidos, movimientos, olores, lectura de símbolos, de gestos, el montaje de una escena, requiere de sabores, del tacto, de la mirada, la sexualidad necesita, indispensablemente, que el cuerpo sea fuego y agua. La magia.
Creo que tenemos el derecho a ese goce, que es responsabilidad de cada unx hacer-lo propio para encontrarlo, para que estos cuerpos, que envejecen, sean artistas de su propio placer.
Y si la sexualidad es un arte que lo abarque todo. Un verano escribí este poema:

Encastre

Este verano inventé un juego. Encastre lo llamé.
Para jugarlo necesité dos cuerpos – el mío y el suyo- y las ganas de encenderlos fuego.
Esto último sucedía sólo. Era inevitable.
El objetivo era encontrar la manera en que ese cuerpo no me encendiera en llamas.
Reglas, no me puse ninguna.
Formas, valían todas.
Empecé a jugarlo en silencio. Y lo jugué en todas las horas, en todos los lugares,
de muchas maneras – no de todas-.
Llegó el otoño. Nunca gané. No hallé parte de ese hombre que no me excitara entera. Toda yo, me volvía mar.
Me encendí, siempre, encajando perfectamente en cada una de las partes de su cuerpo, sintiendo ante el mínimo roce, de manera inmediata y natural, un placer absoluto.
Ahora quiero jugar todo el año a este juego de encastre, así rozando infinito.

Fotografías: Paula Aparicio

E01 ~ DOLOR FÍSICO

NARRAR EL CUERPX

Carla Santángelo Lázaro 

Busco esos textos en los que el cuerpo está enunciado de una forma que nos permita repensar, rehabitar o reapropiar la experiencia corporal. Esta sección trata de vincular las corporalidades con la literatura. Teniendo en cuenta el tema del dolor, he querido acompañarme de dos autoras fundamentales para aproximarnos al dolor narrado desde una perspectiva íntima, despojada y honesta. Ellas son Ana Castro, poeta española y autora de El cuadro del dolor y María Luisa Puga, escritora mexicana, que escribió Diario del dolor, un diario íntimo y fragmentario que, a través de pequeños episodios o notas, nos va abriendo su vínculo con el dolor. 

 Dice la nota número 6 de su diario:
«A veces nos quedamos solos mi dolor y yo, nos contemplamos con desgana. Haz lo que tengas que hacer, parece que nos decimos, y se me ocurre entonces, ¿a dónde se podrá ir si lo ignoro? Nos quedamos solos y nos miramos de reojo. Hay como una amargura en ambos. Sí, henos aquí conviviendo, pero no pasa nada. Me hace cambiar mi vida, pero no es insoportable. En cambio, él —estoy segura—, necesita movimiento y lo estoy decepcionando».

 He elegido este fragmento porque me parece especialmente interesante la alteridad que la autora le proporciona al dolor, como lo personaliza y lo escinde de sí misma para poder dialogar con él. Lo saca del cuerpo y lo convierte en objeto de la narración. De hecho, provoca una suerte de desplazamiento en el que es el dolor el que la sufre a ella y no al revés. 

Entonces, pienso en las posibilidades de la escritura a la hora de resignificar las experiencias dolorosas, para nombrarlas desde distintas dimensiones. Eso no nos va a alejar del dolor, no va a hacer que el dolor se vaya, pero sí es posible —a veces, a través de la palabra escrita— dotar a esa experiencia de una perspectiva múltiple que a priori se nos escapa. 

Este cambio de perspectiva me parece interesante y es muy fértil para la escritura. Cuando al escribir tratamos de mirar las cosas de otra manera, esas cosas se nos presentan como posibilidad. 

 En este sentido, me remito a un ensayo que se llama El cuerpo-palabra de las mujeres. Los vínculos ocultos entre el cuerpo y los afectos, de Gabriella Buzzatti y Anna Salvo. En la primera parte del libro, dice una parte:

 «Por tanto, el cuerpo como posibilidad privilegiada de representar afectos heridos, agujeros y hemorragias psíquicas, aberturas que dejan ver un temible vacío interior. El cuerpo como lugar hacia el cual se precipitan contenidos psíquicos no gobernables, fantasías y fantasmas tan espantosos que nos violentamente rechazaos que se los deja fuera de circuito. El cuerpo como testigo involuntario de un dolor tan agudo y espeluznante que obliga a quien lo sufre a liberarse de él, a retirarse presa de horror. El cuerpo como expresión de una congelación afectiva que solo a través de las vías somáticas se retuerce y se distiende».

 Me parece que este fragmento abre una conversación con el diario de Puga en tanto que aquí el cuerpo está enunciado como posibilidad, como lugar, como testigo y como expresión. Esa «posibilidad» que mencionaba anteriormente, que es la que se abre con la escritura y que es capaz de albergar todos esos «contenidos» de los que nos hablan las ensayistas. Esos contenidos que son tan indescifrables, complejos y ciegos que no nos resultan comprensibles ni a las personas que estamos dentro de las experiencias dolorosas ni a las personas que están fuera. 

 Partiendo de esta idea, podríamos pensar en que quien sufre el dolor tiende a querer liberarse de él no solo porque es algo que sufre, sino porque es algo incomprensible. Así pienso el diario de Puga: en ese movimiento de liberación o desprendimiento escindiendo el sujeto de la narración del objeto dolor para hacerlo inteligible. Esto abre preguntas filosóficas complejas en las que no me voy a detener porque entraríamos en debates cartesianos; tendríamos que hacernos la eterna pregunta de si somos cuerpo o tenemos cuerpo y este texto se iría por otros derroteros. Por eso prefiero escuchar y leer a quienes sufren dolor, porque nos abren caminos para pensar las posibilidades de estar en él a través de la escritura. 

 Mis preguntas giran alrededor de las representaciones que existen del dolor físico en la literatura y, sobre todo, cómo leerlas con perspectiva de género. Para eso traigo la respuesta que dio Ana Castro (también activista por el dolor crónico) en una entrevista que le hicieron en España:

 «Se supone que las mujeres jóvenes estamos bien y si tenemos dolor es cosa de la regla. El dolor nunca es normal y siempre es importante, seas hombre o mujer.»

 Y entonces explica que el 70% de lxs pacientes con dolor son mujeres, aunque hasta hace muy poco los medicamentos para el dolor han sido investigados teniendo en cuenta solo los hombres. Y sigue:

 «Un sinsentido continuo que explica que la historia de la medicina está escrita por y para los hombres». 

 Es necesario abrir debates sobre qué es salud y qué es enfermedad y hacerlo con perspectiva de género. Este es el trabajo tan fundamental que hace Castro en su activismo: arrojar luz sobre cuestiones silenciadas en un universo tan encumbrado como el de la medicina hegemónica tal y como la conocemos en nuestra cultura. 

 ¿Cuántas dolencias han sido pasadas por alto porque la paciente era una mujer joven? ¿Cuántos síntomas no han sido tomados en serio? ¿Sabemos la cantidad de investigación que todavía necesitamos para saber a qué derivas corporales llegamos absolutamente solas y faltas de información?

 Además de su trabajo de visibilización, Ana Castro escribe poemas y con la poesía llega —como bien dice ella misma— a esos espacios de luz y belleza necesarios que también existen y que es necesario rescatar con la palabra. 

Aquí dos poemas de su poemario El cuadro del dolor. Este se llama Raíces:

Mis raíces fosilizan como una enredadera seca alrededor de mi cuerpo.
Se clavan entre las uñas y la piel y taponan los oídos.
Reptan sigilosamente y escarban.
Se transforman en nudos por mi pelo.
Luego, afloran las canas.
Tengo una relación contradictoria con mis raíces.
Mis raíces desentierran fobias hereditarias.
Moriré de cáncer antes de enterrar a mi madre.

La poesía de Castro parece una herida abierta que hay que mirar, porque la posibilidad de mirar la herida es lo que nos habilita después a poner una luz, una mano sobre ella, y que empieza con el hecho de compartir las palabras.

El otro poema se llama Maternidad:

Sobrellevar el dolor
es criar un hijo:
una ciencia exacta que sólo conocen las madres.
La madre del hijo y la madre del dolor;
vientre por vientre.
La ruta silenciosa
por el cordón umbilical de luz
que conecta los cuerpos,
algo de lo que sólo saben
los ojos que alimentan
al defecto y la raíz.

Este poema es especialmente poderoso, sobre todo en los primeros dos versos, por la relación tan carnal, íntima, por momentos subyugada que propone con el dolor. Es enorme todo lo que puede desplegarse desde este poema.

¿Qué hacer con el dolor si una no puede desprenderse de él?

A diferencia de María Luisa Puga, que desplazaba de sí el dolor, Ana Castro hace el recorrido inverso: lo materna, lo incorpora, lo hace raíz. El dolor-hijo está muy cerca de la gestación, del principio. Aquí la maternidad está despojada de los cuidados, tiene que ver con algo muy primario, umbilical, irrompible.

Vivo con dolor desde hace más de seis años. Por eso leo a estas y otras autoras, para acompañarme de otras mujeres que experimentan dolor todos los días de su vida y que de ese dolor hacen un lugar en el que nos podemos encontrar.

Ellas producen los efectos de luminiscencia y hacen eco en mí.

Quizá la literatura no nos salve del todo, pero nos encuentra, nos toca, es capaz de sanarnos incluso cuando parece que la luz se apaga.

P.D: Dejo dos poemas de Iosune de Goñi para terminar y le agradezco aquí su compañía:

«hermana, todo lo que duele es otra cosa. la enfermedad no puede nombrarse, no puede decirse. nadie escuchará nuestro aullido. hermana, la enfermedad no puede decirse: la enfermedad es un silencio, una garganta que no pueden una garganta que no existe. nadie escuchará nuestras plegarias. solo existe la sangre y el fuego. mis manos trenzando tu cabello en los confines del bosque.»

«ahora somos esto
una hilera de vértebras torcidas arqueadas
espina enroscada sobre sí misma
derritiéndose
creciendo
o al revés
sangre coagulada en unas venas que no son nuestras venas
mis manos    tus pies
el recuerdo de un cuerpo que ya no es el mismo cuerpo
la memoria es un destello
espada que corta las hebras que unían nuestros huesos
algo de lo que fuimos resplandece
incendia estas sábanas
ahora somos esto
pero entonces
el destello».

MAESTRX INTERIOR

Noelia Gauna

Cuando te duele algo, ¿te das cuenta dónde empieza? ¿Podés identificar en qué parte del cuerpo, órgano lo sentís? Te das cuenta si tiene forma? ¿El dolor es solo físico?

Será que cuando en el astral elegimos venir, nuestra alma dice: a mí denme ese dolor. Todas estas reflexiones y muchas más vienen a mí mente, mientras medito, cada vez que pienso en el dolor.
¿Cómo aportar claridad y ayuda a un ser dolorido?
Muchas veces la mejor manera de sostener un dolor, es la medicina alopática, pero ya estás en esta era de Acuario, sabés que somos más de lo que se ve y que estamos Todxs unidos en este viaje, por eso muchas almas han investigado y nos legaron otras maneras de ver a la medicina, para acompañar los espacios de dolor con una conciencia integral.

  Los sutras de Patanjali son aforismos, sentencias breves, que exponen los puntos fundamentales del Yoga.

             >>Patanjali dice que Todo es Dolor. Y fundamentalmente afirma. “se puede y debe evitar el dolor” ya que existe por apegarnos a la materia y olvidarnos del Espíritu.

Siddharta Gautama, conocido como el Buda, ser que está comprobado históricamente que existía, era un príncipe criado con toda esta información legada por Patanjali. Vivía en un castillo, lejos del mundo y sus dolores, tenía todo incluso un nacimiento de rey.Hasta que un dia salió de su reino y se encontró con el mundo real, y comenzó a cuestionar todo lo que sabía, llegando a experimentar el ascetismo y el hambre. Pasó por muchas etapas, incluida la lujuria, hasta que decidió quedarse bajo un árbol y meditar para que ese legado de lo invisible que habita en cada uno de nosotros, se comunique con él. Y se iluminó. Y su aporte fue que el sufrimiento es opcional y que hay que suprimir el deseo.
¿Y puedo vivir sin deseo?

>>Ayurveda dice que el dolor es exceso de Vata, exceso de aire y éter y por lo tanto de pensamiento.

>>En Kundalini dicen que tenemos once cuerpos espirituales, el número cinco es el cuerpo físico, y se fortalece enseñando. Enseña tu maestría sobre tu dolor. Es parte de la vida. Es parte de la red.

NACHO CORREA


Y ¿qué hacemos con esta información?
¿Cuál es el camino para esquivarlo? ¿Hay algo que como humano pueda hacer para no sentir dolor?
Los que somos sensibles, queremos que todos los seres sintientes, sean felices. Cuando algo te duele, el mundo duele. Cuando sanamos el mundo sana. Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana, como instrumento nos dieron la voz y la palabra, escribe, habla, canta, tu sanación es también la mía.
Sanar es incorporar, es incluir, es el Y.
Y si no puedes aunque intentes encontrar el sentido, eso también es parte de este destino. Y si de a ratos entendés tu dolor y de ratos no, también está bien.

Ve más allá del deseo, encuentra tu anhelo
El deseo es más del Ego, el anhelo está conectado al Alma.
Sólo a través del anhelo de mi Alma, a través de lo que me da sentido, pude y puedo transitar los dolores que me son inevitables.
Esa es mí experiencia, no creas en gurúes, se tu propio gurú, si la vida y el dolor van de la mano, encuentra la vía que te haga más fácil el caminar por este sendero.
Busca un sanador que empatice contigo, y en el cual sientas confianza, recuerda que es solo un puente, la sanación es más bien como comprendes tu dolor.
No hace falta que lo niegues, tampoco que te justifiques en él, solo hay que abrazarlo y agradecer su misión en tu vida. Sin ese dolor no serías lo que sos. Y lo que sos está bien y es suficiente. Y es lo que es.
Suena fácil pero no lo es.

23 CICATRICES

Agostina Guzzo

Va a llover.
Lo dice mi cuerpx y no sé equivoca.
Tengo 23 cicatrices, marcas, heridas, huellas, costuras. Algunas son ínfimas, otras se distinguen con claridad. Están las que se ven de lejos. Las imborrables. ¿Cómo nombrarlas? Si digo “Esta herida” me vuelve víctima en mi discurso. Ahora, si hablo de las huellas de mi cuerpo… suena a que existe cierto grado de superación de ese momento, una superación romántica, llena de homeopatía y sanación espiritual.
¿Qué es estar sanx? ¿Y estar enfermx? ¿Hay una sola forma? Yo seguro no enfermo igual que vos. ¿y el dolor? ¿Qué tan político es mi dolor?

A vos, ¿te duele? ¿qué?
¿Vos sos sanx? ¿o vas y venís entre la salud y la enfermedad? ¿Y tu mente? ¿Qué le pasa a ella con su cuerpx? Y si es al revés, ¿qué le pasa a tu cuerpx con su mente?Dice Lucila Quarleri, en la dedicatoria de su libro “Nunca me dejes de responder”: “A mí misma por haberme animado a escribir todo lo que tenía atragantado en las células de mi cuerpo.”
Entonces, digo yo: No nos atragantemos más y hablemos de nuestrxs cuerpxs manifestadxs. Me pregunto qué es el dolor. No sé responderlo.
Google:
   “Una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, daño tisular real o potencial”
A esta definición se agregan varios puntos. Destaco dos:
           1 -El dolor es siempre una experiencia personal, (personal, personal, personal) influenciada en diversos grados por factores biológicos, psicológicos y sociales.
           2-Aunque el dolor suele tener un papel adaptativo, puede tener efectos adversos sobre la función y el bienestar social y psicológico.

¡¡Aia. ssssmmmmAi..Aiaa aiaiii!!
Posición fetal. Domir. Mate. Esperar que se calmen. No recuerdo el primero, o el que le siguió. Si aquel verano – otoño en el que comenzaron y la vida, mi vida, comenzó a girar tras ellos. Los dolores. Y un pensamiento que se vuelve cada vez más abstracto. Ahora ya no los tengo.
Fueron siete años de dolor crónico, invalidante, esos que te dejan días tirada. Te dejan sin laburo, fuera del sistema, con suerte algún trabajo informal o una pensión por discapacidad, que ni la luz pagas. Quedar en la calle, en ocasiones, también resulta una opción. A mi no me sucede nada eso. Estoy en el grupo de lxs privilegiadxs, aquellxs que recibimos el salario igual, tenemos obra social, usamos real los días por enfermedad.
Hay que producir, en un horario, de un modo. Bueno, pues hoy no puedo. Mi cuerpa no me deja. Lo siento, de verdad, que lo siento al dolor y lo siento no producir. Lo siento por vos, pero mucho más por mi. De verdad que no puedo. Aunque seas mi jefe y me mires mal. Tu sistema expulsivo se vuelve repulsivo.
El trabajo dignifica, dijo un alemán. Yo, desde la cama de un hospital, lo pongo en duda con toda mi dignidad. El sistema expulsa si tu cuerpo no es de calidad.

¿Cuánto dolor cabe en el cuerpo de una mujer?
En el mío, el de esa tardecita. Apenas caminaba. Llevaba 17 días operada.: y paf, adentro todo se abre. No hay lugar para nada. Todo empieza a apretar. La fiebre rompe el termómetro.
Horas después, la ambulancia pone sus sirenas y yo, que me creo una, comienzo a habitar las profundidades del mar. Cierro mis ojos y nado entre quirófanos, punciones, antibióticos. Conozco de trombosis, sepsis generalizadas, catéteres, drenajes. Apenas tengo voz: ¡morfina, morfina por favor!. Nado tan profundo que ni tiempo para comer. Me vuelvo liviana, me acompaña una sonda nasogástrica. Anticoagulantes, infecciones, ileostomías, desnutrición. De internación domiciliaria a terapia intensiva.
La idea original era vivir.

23 cicatrices son las que se ven.
Las que duelen, están bajo la piel. No las ves.
¿Y las otras?
Las otras están por allí, recorriendo lento, el tiempo.
A veces nado como sirena, a veces vuelo como colibrí.
De mi cuerpx es de lo único que no puedo huir.
Llevo conmigo los dolores de sobre-vivir.
Hay un cielo y no es azul.
Llueve fuerte.

ABRIR LA PREGUNTA

Sara Zironi

En mi mundo hay hongos, flores, hojas y raíces que me calman mi alma y mi cuerpo, me acompañan en el dolor y cuando no, porque no todo es dolor en mi vida,  sueño con un espacio comunitario donde poder compartir estas prácticas ancestrales que siguen evolucionando, y esperando que la ciencia las abrace. Pero no se por donde empezar, me da miedo, como siempre, y aqui la herida, de que me punitivicen… ser la mala, la bruja que quemar, un dolor que viene tal vez de una vida pasada….

Creo, pienso, siento que para la curiosidad y creatividad debería existir la pregunta, o las preguntas, esa pregunta que abre mundos, que potencia,  me ha costado llegar a este lugar, pero la vida se ha empeñado en rodearme de mujeres inquietas, curiosas, reflexivas de las cuales he aprendido a entrenar y reconectar con esta parte de mi esencia como humanx.

El dolor físico recurrente o crónico me ha abierto preguntas/observatorias :
¿de dónde parte y a dónde nos lleva la naturalización del dolor?¿Qué dolores naturalizo? ¿Por qué? ¿Es supervivencia? ¿En parte de un discurso de fortaleza ante el dolor?¿de un todo lo puedo?¿ es porque no quiero verme como ese estereotipo de mujer frágil en el que crecí?¿es un mix? ¿Puedo experimentar el proceso de dolor acompañada?¿con quien?¿Quiero? ¿Observo mi respiración cuando estoy experimentando dolor?¿ cómo se conectan mis emociones al dolor? ¿son un círculo vicioso emoción-dolor-emoción-dolor …? ¿y que de los desequilibrios mentales a partir de un dolor que no cesa?
Y en la ciclicidad: cuantos años de dolor innecesario vivencie porque no hubo una educación un acompañamiento, en este sistema patriarcal donde por muchos años la menstruación fue vista como evento en la vida de la mujer en el cual construir un relato de mitos y vergüenza.

              >> A Chantal Maillard en su experiencia de acuerparlo: ¿Es el dolor físico algo irreductible a cualquier teoría o generalización? El dolor es inalienable, cierto es que nadie experimenta en carne ajena ¿ Es el padecimiento en soledad un sufrimiento añadido?… ¿puede unx distanciarse del dolor? A qué precio…

                >>Y a johanna hedva con la “teoría de la mujer enferma” que dialogando con las preguntas anteriores nos trae su experiencia con su enfermedad crónica y lo que generó este estado casi permanente cuando sucedieron las protestas del black live matter::

“Empecé a pensar sobre qué modos de protesta se puede dar el lujo la gente enferma. Me parecía que muchas de las personas a las que Black Lives Matter apunta especialmente, quizá no estén aptas para estar presentes para las marchas, ya que están encarceladas por un trabajo bajo la amenaza de ser despedidos de su trabajo si iban a marchar, o encarcelamiento literal, y claro, la amenaza de violencia y brutalidad policiaca –pero también a causa de enfermedad o discapacidad, o porque estaban cuidando a alguien con una enfermedad o discapacidad. Pensé en todos los otros cuerpos invisibles, con sus puños en alto, metidos en algún sitio fuera de la vista.
Si tomamos la definición de Hannah Arendt de lo político –la cual es todavía una de las más dominantes en el discurso convencional– como cualquier acción que es realizada en público, debemos lidiar con las implicaciones de lo que eso excluye. Si estar presente en público es lo que se requiere para ser político, entonces franjas enteras de población pueden ser consideradas a-políticas – sencillamente porque no son físicamente capaces de llevar sus cuerpos a la calle.
Sin embargo, he aquí dos fracasos. El primero es su dependencia en un “público” –lo que requiere un “privado”, un binarismo entre espacio visible e invisible. Eso significó que lo que sea que tome lugar en lo privado es no político.
El fracaso de “lo político” de Arendt fue inmediatamente expuesto en el activismo por los derechos civiles y el feminismo de los años 1960 y ’70. “Lo personal es político” también puede ser leído como “lo privado es político”…
Hay también otro problema. Como lo dijo Judith Butler en 2015 en su charla “Vulnerabilidad y Resistencia”, Arendt fracasó en dar cuenta de quién está permitido en el espacio público, quién está a cargo de lo público. O, más específicamente, quién está a cargo de quién accede a lo público. Butler dice que siempre hay una cosa cierta acerca de una demostración pública: la policía ya está presente, o viene en camino. Esto resuena con fuerza escalofriante al considerar el contexto de Black Lives Matter.
Si a esto le sumamos enfermedades físicas y mentales, así como discapacidades que mantienen a la gente en cama y en casa, entonces debemos enfrentar el hecho de que muchas de las personas para las que son estas protestas, no son capaces de participar en ellas –lo que implica que no pueden ser visibles como activistas políticos.
la pregunta central de la Teoría de la Mujer Enferma nació: ¿Cómo avientas un ladrillo a través de la ventana de un banco si no puedes salir de la cama?


Ph: Silverhours

Desde estas escrituras, y otras como Carmen valls llorens, adriana schnake, las experiencias vitales propias y ajenas, aportan palabras a la dificultad de poder acompañar desde la escucha, la ternura y el placer cuando el sistema biomédico por el cual el dolor se encuentra atravesado, incrementa muchas veces el mismo, desde el destrato, la indiferencia y el no diagnóstico. y sin mencionar la medicalización excesiva si siquiera investigar, observar, estar presente frente a ese “paciente”. Sin olvidar el hecho que de ser mujer, una persona racializada o diversamente sexual, potencia estas violencias, invisibilizaciones. Pareciera ser que en primera instancia el sistema biomedico a sido creado por y para los hombres blancos cis.

¿Qué sucede si no puede atender tu dolor, no tiene tiempo, dinero, red?
¿ cuánto más dejaremos de crear y abogar por una enseñanza de la medicina realmente humanista pero ni antropocéntrica, ni blanca, ni heteronormativa?
¿cuánto más podremos seguir dándole el poder a médicos alienados? Quien, aunque tenga el discurso bien armado en su cabeza, cuando llega a la consulta ese poder se le escurre por las piernas. ¿Quienes se la han pasado abandonando consultas? ¿Quién no ha sido violentada alguna vez en ellas? ¿Cuánta vulnerabilización puede aguantar un cuerpo? ¿cuándo podremos volvernos soberanes de nuestro cuerpo, como un cuerpo que duele, que enferma, sin escindirnos de él? Y el placer, donde queda el placer, si es la pulsión a la que el cuerpo (integrado) tiende, y cuando no es así, cuando nos encontramos en constante tensión, diría la gestalt, tensión física y emocional, que hacemos, hacia donde voy, quien soy? ¿Quiénes y cuándo podremos poner el foco y la acción en crear prácticas y culturas que realmente sean vitales y no haya “norma” como la de hoy? ¿Qué puedo hacer yo?

                                                                Crear espacios donde se acoja mi/nuestro dolor …

Y no olvidarme, en mi andar como terapeuta y docente me ha enseñado el hecho de poder compartir las experiencias personales, desde este lugar, personales, desde una posibilidad entre tantas, desde la humildad a la hora de poder acompañar a alguien en la vulnerabilidad, el dolor, comprender el lugar de poder en el que podemos estar, para poder realmente espejarle su propio poder y que cada persona pueda generar su mapa vivo, y no encarnar el personaje del que salva.

Que compartamos el hecho de aprender a conectar con el lenguaje del cuerpo, a dialogar con él, como propio, con la enfermedad en él, reconocer que necesita, que quiere decirme, o mejor dicho quiero decirme. 

Sobre Cuerpxs Manifestadxs

Carla Santángelo Lázaro 
Escritora. Cofundadora de Casa Índigo, un proyecto en el que investiga las literaturas autobiográficas con perspectiva de género.

Noelia Gauna
Masajista Ayurveda, Terapeuta Holística, Instructora y Formadora de Instructores de Yoga, Master en Reiki, Estudiante de Astrología. 

Agostina Guzzo
Licenciada en trabajo social, escritora. 

Sara Zironi
Herbalista, masajista, terapeuta menstrual. Estudiando terapia corporal integrativa.

Más publicaciones