CUERPXS MANIFESTADXS

CUERPXS MANIFESTADXS.

#Publicaciones #Cuerpo #Expresiones

~Textos de Agostina Guzzo, Carla Santángelo Lázaro, Noelia Gauna y Sara Zironi.

«Hay un cuerpo que me habla»
Cuatro elementos, cuatro herramientas.
Una edición en 5 capítulos donde materializamos manifestaciones corporales como el dolor físico, sexualidad, violencia, placer, territorio. Y los abordamos desde diferentes ejes expresivos que nos atraviesan como seres sintientes, la poesía, la literatura, diferentes terapias y técnicas de sanación.  
«Compartamos el hecho de aprender a conectar con el lenguaje del cuerpx, a dialogar con él, con nuestrx cuerpx, reconocer qué necesita, qué quiere decirme.»

#SábadoEnLaRepu

 

E01 ~ DOLOR FÍSICO

NARRAR EL CUERPX

Carla Santángelo Lázaro 

Busco esos textos en los que el cuerpo está enunciado de una forma que nos permita repensar, rehabitar o reapropiar la experiencia corporal. Esta sección trata de vincular las corporalidades con la literatura. Teniendo en cuenta el tema del dolor, he querido acompañarme de dos autoras fundamentales para aproximarnos al dolor narrado desde una perspectiva íntima, despojada y honesta. Ellas son Ana Castro, poeta española y autora de El cuadro del dolor y María Luisa Puga, escritora mexicana, que escribió Diario del dolor, un diario íntimo y fragmentario que, a través de pequeños episodios o notas, nos va abriendo su vínculo con el dolor. 

 Dice la nota número 6 de su diario:
«A veces nos quedamos solos mi dolor y yo, nos contemplamos con desgana. Haz lo que tengas que hacer, parece que nos decimos, y se me ocurre entonces, ¿a dónde se podrá ir si lo ignoro? Nos quedamos solos y nos miramos de reojo. Hay como una amargura en ambos. Sí, henos aquí conviviendo, pero no pasa nada. Me hace cambiar mi vida, pero no es insoportable. En cambio, él —estoy segura—, necesita movimiento y lo estoy decepcionando».

 He elegido este fragmento porque me parece especialmente interesante la alteridad que la autora le proporciona al dolor, como lo personaliza y lo escinde de sí misma para poder dialogar con él. Lo saca del cuerpo y lo convierte en objeto de la narración. De hecho, provoca una suerte de desplazamiento en el que es el dolor el que la sufre a ella y no al revés. 

Entonces, pienso en las posibilidades de la escritura a la hora de resignificar las experiencias dolorosas, para nombrarlas desde distintas dimensiones. Eso no nos va a alejar del dolor, no va a hacer que el dolor se vaya, pero sí es posible —a veces, a través de la palabra escrita— dotar a esa experiencia de una perspectiva múltiple que a priori se nos escapa. 

Este cambio de perspectiva me parece interesante y es muy fértil para la escritura. Cuando al escribir tratamos de mirar las cosas de otra manera, esas cosas se nos presentan como posibilidad. 

 En este sentido, me remito a un ensayo que se llama El cuerpo-palabra de las mujeres. Los vínculos ocultos entre el cuerpo y los afectos, de Gabriella Buzzatti y Anna Salvo. En la primera parte del libro, dice una parte:

 «Por tanto, el cuerpo como posibilidad privilegiada de representar afectos heridos, agujeros y hemorragias psíquicas, aberturas que dejan ver un temible vacío interior. El cuerpo como lugar hacia el cual se precipitan contenidos psíquicos no gobernables, fantasías y fantasmas tan espantosos que nos violentamente rechazaos que se los deja fuera de circuito. El cuerpo como testigo involuntario de un dolor tan agudo y espeluznante que obliga a quien lo sufre a liberarse de él, a retirarse presa de horror. El cuerpo como expresión de una congelación afectiva que solo a través de las vías somáticas se retuerce y se distiende».

 Me parece que este fragmento abre una conversación con el diario de Puga en tanto que aquí el cuerpo está enunciado como posibilidad, como lugar, como testigo y como expresión. Esa «posibilidad» que mencionaba anteriormente, que es la que se abre con la escritura y que es capaz de albergar todos esos «contenidos» de los que nos hablan las ensayistas. Esos contenidos que son tan indescifrables, complejos y ciegos que no nos resultan comprensibles ni a las personas que estamos dentro de las experiencias dolorosas ni a las personas que están fuera. 

 Partiendo de esta idea, podríamos pensar en que quien sufre el dolor tiende a querer liberarse de él no solo porque es algo que sufre, sino porque es algo incomprensible. Así pienso el diario de Puga: en ese movimiento de liberación o desprendimiento escindiendo el sujeto de la narración del objeto dolor para hacerlo inteligible. Esto abre preguntas filosóficas complejas en las que no me voy a detener porque entraríamos en debates cartesianos; tendríamos que hacernos la eterna pregunta de si somos cuerpo o tenemos cuerpo y este texto se iría por otros derroteros. Por eso prefiero escuchar y leer a quienes sufren dolor, porque nos abren caminos para pensar las posibilidades de estar en él a través de la escritura. 

 Mis preguntas giran alrededor de las representaciones que existen del dolor físico en la literatura y, sobre todo, cómo leerlas con perspectiva de género. Para eso traigo la respuesta que dio Ana Castro (también activista por el dolor crónico) en una entrevista que le hicieron en España:

 «Se supone que las mujeres jóvenes estamos bien y si tenemos dolor es cosa de la regla. El dolor nunca es normal y siempre es importante, seas hombre o mujer.»

 Y entonces explica que el 70% de lxs pacientes con dolor son mujeres, aunque hasta hace muy poco los medicamentos para el dolor han sido investigados teniendo en cuenta solo los hombres. Y sigue:

 «Un sinsentido continuo que explica que la historia de la medicina está escrita por y para los hombres». 

 Es necesario abrir debates sobre qué es salud y qué es enfermedad y hacerlo con perspectiva de género. Este es el trabajo tan fundamental que hace Castro en su activismo: arrojar luz sobre cuestiones silenciadas en un universo tan encumbrado como el de la medicina hegemónica tal y como la conocemos en nuestra cultura. 

 ¿Cuántas dolencias han sido pasadas por alto porque la paciente era una mujer joven? ¿Cuántos síntomas no han sido tomados en serio? ¿Sabemos la cantidad de investigación que todavía necesitamos para saber a qué derivas corporales llegamos absolutamente solas y faltas de información?

 Además de su trabajo de visibilización, Ana Castro escribe poemas y con la poesía llega —como bien dice ella misma— a esos espacios de luz y belleza necesarios que también existen y que es necesario rescatar con la palabra. 

Aquí dos poemas de su poemario El cuadro del dolor. Este se llama Raíces:

Mis raíces fosilizan como una enredadera seca alrededor de mi cuerpo.
Se clavan entre las uñas y la piel y taponan los oídos.
Reptan sigilosamente y escarban.
Se transforman en nudos por mi pelo.
Luego, afloran las canas.
Tengo una relación contradictoria con mis raíces.
Mis raíces desentierran fobias hereditarias.
Moriré de cáncer antes de enterrar a mi madre.

La poesía de Castro parece una herida abierta que hay que mirar, porque la posibilidad de mirar la herida es lo que nos habilita después a poner una luz, una mano sobre ella, y que empieza con el hecho de compartir las palabras.

El otro poema se llama Maternidad:

Sobrellevar el dolor
es criar un hijo:
una ciencia exacta que sólo conocen las madres.
La madre del hijo y la madre del dolor;
vientre por vientre.
La ruta silenciosa
por el cordón umbilical de luz
que conecta los cuerpos,
algo de lo que sólo saben
los ojos que alimentan
al defecto y la raíz.

Este poema es especialmente poderoso, sobre todo en los primeros dos versos, por la relación tan carnal, íntima, por momentos subyugada que propone con el dolor. Es enorme todo lo que puede desplegarse desde este poema.

¿Qué hacer con el dolor si una no puede desprenderse de él?

A diferencia de María Luisa Puga, que desplazaba de sí el dolor, Ana Castro hace el recorrido inverso: lo materna, lo incorpora, lo hace raíz. El dolor-hijo está muy cerca de la gestación, del principio. Aquí la maternidad está despojada de los cuidados, tiene que ver con algo muy primario, umbilical, irrompible.

Vivo con dolor desde hace más de seis años. Por eso leo a estas y otras autoras, para acompañarme de otras mujeres que experimentan dolor todos los días de su vida y que de ese dolor hacen un lugar en el que nos podemos encontrar.

Ellas producen los efectos de luminiscencia y hacen eco en mí.

Quizá la literatura no nos salve del todo, pero nos encuentra, nos toca, es capaz de sanarnos incluso cuando parece que la luz se apaga.

P.D: Dejo dos poemas de Iosune de Goñi para terminar y le agradezco aquí su compañía:

«hermana, todo lo que duele es otra cosa. la enfermedad no puede nombrarse, no puede decirse. nadie escuchará nuestro aullido. hermana, la enfermedad no puede decirse: la enfermedad es un silencio, una garganta que no pueden una garganta que no existe. nadie escuchará nuestras plegarias. solo existe la sangre y el fuego. mis manos trenzando tu cabello en los confines del bosque.»

«ahora somos esto
una hilera de vértebras torcidas arqueadas
espina enroscada sobre sí misma
derritiéndose
creciendo
o al revés
sangre coagulada en unas venas que no son nuestras venas
mis manos    tus pies
el recuerdo de un cuerpo que ya no es el mismo cuerpo
la memoria es un destello
espada que corta las hebras que unían nuestros huesos
algo de lo que fuimos resplandece
incendia estas sábanas
ahora somos esto
pero entonces
el destello».

MAESTRX INTERIOR

Noelia Gauna

Cuando te duele algo, ¿te das cuenta dónde empieza? ¿Podés identificar en qué parte del cuerpo, órgano lo sentís? Te das cuenta si tiene forma? ¿El dolor es solo físico?

Será que cuando en el astral elegimos venir, nuestra alma dice: a mí denme ese dolor. Todas estas reflexiones y muchas más vienen a mí mente, mientras medito, cada vez que pienso en el dolor.
¿Cómo aportar claridad y ayuda a un ser dolorido?
Muchas veces la mejor manera de sostener un dolor, es la medicina alopática, pero ya estás en esta era de Acuario, sabés que somos más de lo que se ve y que estamos Todxs unidos en este viaje, por eso muchas almas han investigado y nos legaron otras maneras de ver a la medicina, para acompañar los espacios de dolor con una conciencia integral.

  Los sutras de Patanjali son aforismos, sentencias breves, que exponen los puntos fundamentales del Yoga.

             >>Patanjali dice que Todo es Dolor. Y fundamentalmente afirma. “se puede y debe evitar el dolor” ya que existe por apegarnos a la materia y olvidarnos del Espíritu.

Siddharta Gautama, conocido como el Buda, ser que está comprobado históricamente que existía, era un príncipe criado con toda esta información legada por Patanjali. Vivía en un castillo, lejos del mundo y sus dolores, tenía todo incluso un nacimiento de rey.Hasta que un dia salió de su reino y se encontró con el mundo real, y comenzó a cuestionar todo lo que sabía, llegando a experimentar el ascetismo y el hambre. Pasó por muchas etapas, incluida la lujuria, hasta que decidió quedarse bajo un árbol y meditar para que ese legado de lo invisible que habita en cada uno de nosotros, se comunique con él. Y se iluminó. Y su aporte fue que el sufrimiento es opcional y que hay que suprimir el deseo.
¿Y puedo vivir sin deseo?

>>Ayurveda dice que el dolor es exceso de Vata, exceso de aire y éter y por lo tanto de pensamiento.

>>En Kundalini dicen que tenemos once cuerpos espirituales, el número cinco es el cuerpo físico, y se fortalece enseñando. Enseña tu maestría sobre tu dolor. Es parte de la vida. Es parte de la red.

NACHO CORREA


Y ¿qué hacemos con esta información?
¿Cuál es el camino para esquivarlo? ¿Hay algo que como humano pueda hacer para no sentir dolor?
Los que somos sensibles, queremos que todos los seres sintientes, sean felices. Cuando algo te duele, el mundo duele. Cuando sanamos el mundo sana. Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana, como instrumento nos dieron la voz y la palabra, escribe, habla, canta, tu sanación es también la mía.
Sanar es incorporar, es incluir, es el Y.
Y si no puedes aunque intentes encontrar el sentido, eso también es parte de este destino. Y si de a ratos entendés tu dolor y de ratos no, también está bien.

Ve más allá del deseo, encuentra tu anhelo
El deseo es más del Ego, el anhelo está conectado al Alma.
Sólo a través del anhelo de mi Alma, a través de lo que me da sentido, pude y puedo transitar los dolores que me son inevitables.
Esa es mí experiencia, no creas en gurúes, se tu propio gurú, si la vida y el dolor van de la mano, encuentra la vía que te haga más fácil el caminar por este sendero.
Busca un sanador que empatice contigo, y en el cual sientas confianza, recuerda que es solo un puente, la sanación es más bien como comprendes tu dolor.
No hace falta que lo niegues, tampoco que te justifiques en él, solo hay que abrazarlo y agradecer su misión en tu vida. Sin ese dolor no serías lo que sos. Y lo que sos está bien y es suficiente. Y es lo que es.
Suena fácil pero no lo es.

23 CICATRICES

Agostina Guzzo

Va a llover.
Lo dice mi cuerpx y no sé equivoca.
Tengo 23 cicatrices, marcas, heridas, huellas, costuras. Algunas son ínfimas, otras se distinguen con claridad. Están las que se ven de lejos. Las imborrables. ¿Cómo nombrarlas? Si digo “Esta herida” me vuelve víctima en mi discurso. Ahora, si hablo de las huellas de mi cuerpo… suena a que existe cierto grado de superación de ese momento, una superación romántica, llena de homeopatía y sanación espiritual.
¿Qué es estar sanx? ¿Y estar enfermx? ¿Hay una sola forma? Yo seguro no enfermo igual que vos. ¿y el dolor? ¿Qué tan político es mi dolor?

A vos, ¿te duele? ¿qué?
¿Vos sos sanx? ¿o vas y venís entre la salud y la enfermedad? ¿Y tu mente? ¿Qué le pasa a ella con su cuerpx? Y si es al revés, ¿qué le pasa a tu cuerpx con su mente?Dice Lucila Quarleri, en la dedicatoria de su libro “Nunca me dejes de responder”: “A mí misma por haberme animado a escribir todo lo que tenía atragantado en las células de mi cuerpo.”
Entonces, digo yo: No nos atragantemos más y hablemos de nuestrxs cuerpxs manifestadxs. Me pregunto qué es el dolor. No sé responderlo.
Google:
   “Una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con, o similar a la asociada con, daño tisular real o potencial”
A esta definición se agregan varios puntos. Destaco dos:
           1 -El dolor es siempre una experiencia personal, (personal, personal, personal) influenciada en diversos grados por factores biológicos, psicológicos y sociales.
           2-Aunque el dolor suele tener un papel adaptativo, puede tener efectos adversos sobre la función y el bienestar social y psicológico.

¡¡Aia. ssssmmmmAi..Aiaa aiaiii!!
Posición fetal. Domir. Mate. Esperar que se calmen. No recuerdo el primero, o el que le siguió. Si aquel verano – otoño en el que comenzaron y la vida, mi vida, comenzó a girar tras ellos. Los dolores. Y un pensamiento que se vuelve cada vez más abstracto. Ahora ya no los tengo.
Fueron siete años de dolor crónico, invalidante, esos que te dejan días tirada. Te dejan sin laburo, fuera del sistema, con suerte algún trabajo informal o una pensión por discapacidad, que ni la luz pagas. Quedar en la calle, en ocasiones, también resulta una opción. A mi no me sucede nada eso. Estoy en el grupo de lxs privilegiadxs, aquellxs que recibimos el salario igual, tenemos obra social, usamos real los días por enfermedad.
Hay que producir, en un horario, de un modo. Bueno, pues hoy no puedo. Mi cuerpa no me deja. Lo siento, de verdad, que lo siento al dolor y lo siento no producir. Lo siento por vos, pero mucho más por mi. De verdad que no puedo. Aunque seas mi jefe y me mires mal. Tu sistema expulsivo se vuelve repulsivo.
El trabajo dignifica, dijo un alemán. Yo, desde la cama de un hospital, lo pongo en duda con toda mi dignidad. El sistema expulsa si tu cuerpo no es de calidad.

¿Cuánto dolor cabe en el cuerpo de una mujer?
En el mío, el de esa tardecita. Apenas caminaba. Llevaba 17 días operada.: y paf, adentro todo se abre. No hay lugar para nada. Todo empieza a apretar. La fiebre rompe el termómetro.
Horas después, la ambulancia pone sus sirenas y yo, que me creo una, comienzo a habitar las profundidades del mar. Cierro mis ojos y nado entre quirófanos, punciones, antibióticos. Conozco de trombosis, sepsis generalizadas, catéteres, drenajes. Apenas tengo voz: ¡morfina, morfina por favor!. Nado tan profundo que ni tiempo para comer. Me vuelvo liviana, me acompaña una sonda nasogástrica. Anticoagulantes, infecciones, ileostomías, desnutrición. De internación domiciliaria a terapia intensiva.
La idea original era vivir.

23 cicatrices son las que se ven.
Las que duelen, están bajo la piel. No las ves.
¿Y las otras?
Las otras están por allí, recorriendo lento, el tiempo.
A veces nado como sirena, a veces vuelo como colibrí.
De mi cuerpx es de lo único que no puedo huir.
Llevo conmigo los dolores de sobre-vivir.
Hay un cielo y no es azul.
Llueve fuerte.

ABRIR LA PREGUNTA

Sara Zironi

En mi mundo hay hongos, flores, hojas y raíces que me calman mi alma y mi cuerpo, me acompañan en el dolor y cuando no, porque no todo es dolor en mi vida,  sueño con un espacio comunitario donde poder compartir estas prácticas ancestrales que siguen evolucionando, y esperando que la ciencia las abrace. Pero no se por donde empezar, me da miedo, como siempre, y aqui la herida, de que me punitivicen… ser la mala, la bruja que quemar, un dolor que viene tal vez de una vida pasada….

Creo, pienso, siento que para la curiosidad y creatividad debería existir la pregunta, o las preguntas, esa pregunta que abre mundos, que potencia,  me ha costado llegar a este lugar, pero la vida se ha empeñado en rodearme de mujeres inquietas, curiosas, reflexivas de las cuales he aprendido a entrenar y reconectar con esta parte de mi esencia como humanx.

El dolor físico recurrente o crónico me ha abierto preguntas/observatorias :
¿de dónde parte y a dónde nos lleva la naturalización del dolor?¿Qué dolores naturalizo? ¿Por qué? ¿Es supervivencia? ¿En parte de un discurso de fortaleza ante el dolor?¿de un todo lo puedo?¿ es porque no quiero verme como ese estereotipo de mujer frágil en el que crecí?¿es un mix? ¿Puedo experimentar el proceso de dolor acompañada?¿con quien?¿Quiero? ¿Observo mi respiración cuando estoy experimentando dolor?¿ cómo se conectan mis emociones al dolor? ¿son un círculo vicioso emoción-dolor-emoción-dolor …? ¿y que de los desequilibrios mentales a partir de un dolor que no cesa?
Y en la ciclicidad: cuantos años de dolor innecesario vivencie porque no hubo una educación un acompañamiento, en este sistema patriarcal donde por muchos años la menstruación fue vista como evento en la vida de la mujer en el cual construir un relato de mitos y vergüenza.

              >> A Chantal Maillard en su experiencia de acuerparlo: ¿Es el dolor físico algo irreductible a cualquier teoría o generalización? El dolor es inalienable, cierto es que nadie experimenta en carne ajena ¿ Es el padecimiento en soledad un sufrimiento añadido?… ¿puede unx distanciarse del dolor? A qué precio…

                >>Y a johanna hedva con la “teoría de la mujer enferma” que dialogando con las preguntas anteriores nos trae su experiencia con su enfermedad crónica y lo que generó este estado casi permanente cuando sucedieron las protestas del black live matter::

“Empecé a pensar sobre qué modos de protesta se puede dar el lujo la gente enferma. Me parecía que muchas de las personas a las que Black Lives Matter apunta especialmente, quizá no estén aptas para estar presentes para las marchas, ya que están encarceladas por un trabajo bajo la amenaza de ser despedidos de su trabajo si iban a marchar, o encarcelamiento literal, y claro, la amenaza de violencia y brutalidad policiaca –pero también a causa de enfermedad o discapacidad, o porque estaban cuidando a alguien con una enfermedad o discapacidad. Pensé en todos los otros cuerpos invisibles, con sus puños en alto, metidos en algún sitio fuera de la vista.
Si tomamos la definición de Hannah Arendt de lo político –la cual es todavía una de las más dominantes en el discurso convencional– como cualquier acción que es realizada en público, debemos lidiar con las implicaciones de lo que eso excluye. Si estar presente en público es lo que se requiere para ser político, entonces franjas enteras de población pueden ser consideradas a-políticas – sencillamente porque no son físicamente capaces de llevar sus cuerpos a la calle.
Sin embargo, he aquí dos fracasos. El primero es su dependencia en un “público” –lo que requiere un “privado”, un binarismo entre espacio visible e invisible. Eso significó que lo que sea que tome lugar en lo privado es no político.
El fracaso de “lo político” de Arendt fue inmediatamente expuesto en el activismo por los derechos civiles y el feminismo de los años 1960 y ’70. “Lo personal es político” también puede ser leído como “lo privado es político”…
Hay también otro problema. Como lo dijo Judith Butler en 2015 en su charla “Vulnerabilidad y Resistencia”, Arendt fracasó en dar cuenta de quién está permitido en el espacio público, quién está a cargo de lo público. O, más específicamente, quién está a cargo de quién accede a lo público. Butler dice que siempre hay una cosa cierta acerca de una demostración pública: la policía ya está presente, o viene en camino. Esto resuena con fuerza escalofriante al considerar el contexto de Black Lives Matter.
Si a esto le sumamos enfermedades físicas y mentales, así como discapacidades que mantienen a la gente en cama y en casa, entonces debemos enfrentar el hecho de que muchas de las personas para las que son estas protestas, no son capaces de participar en ellas –lo que implica que no pueden ser visibles como activistas políticos.
la pregunta central de la Teoría de la Mujer Enferma nació: ¿Cómo avientas un ladrillo a través de la ventana de un banco si no puedes salir de la cama?


Ph: Silverhours

Desde estas escrituras, y otras como Carmen valls llorens, adriana schnake, las experiencias vitales propias y ajenas, aportan palabras a la dificultad de poder acompañar desde la escucha, la ternura y el placer cuando el sistema biomédico por el cual el dolor se encuentra atravesado, incrementa muchas veces el mismo, desde el destrato, la indiferencia y el no diagnóstico. y sin mencionar la medicalización excesiva si siquiera investigar, observar, estar presente frente a ese “paciente”. Sin olvidar el hecho que de ser mujer, una persona racializada o diversamente sexual, potencia estas violencias, invisibilizaciones. Pareciera ser que en primera instancia el sistema biomedico a sido creado por y para los hombres blancos cis.

¿Qué sucede si no puede atender tu dolor, no tiene tiempo, dinero, red?
¿ cuánto más dejaremos de crear y abogar por una enseñanza de la medicina realmente humanista pero ni antropocéntrica, ni blanca, ni heteronormativa?
¿cuánto más podremos seguir dándole el poder a médicos alienados? Quien, aunque tenga el discurso bien armado en su cabeza, cuando llega a la consulta ese poder se le escurre por las piernas. ¿Quienes se la han pasado abandonando consultas? ¿Quién no ha sido violentada alguna vez en ellas? ¿Cuánta vulnerabilización puede aguantar un cuerpo? ¿cuándo podremos volvernos soberanes de nuestro cuerpo, como un cuerpo que duele, que enferma, sin escindirnos de él? Y el placer, donde queda el placer, si es la pulsión a la que el cuerpo (integrado) tiende, y cuando no es así, cuando nos encontramos en constante tensión, diría la gestalt, tensión física y emocional, que hacemos, hacia donde voy, quien soy? ¿Quiénes y cuándo podremos poner el foco y la acción en crear prácticas y culturas que realmente sean vitales y no haya “norma” como la de hoy? ¿Qué puedo hacer yo?

                                                                Crear espacios donde se acoja mi/nuestro dolor …

Y no olvidarme, en mi andar como terapeuta y docente me ha enseñado el hecho de poder compartir las experiencias personales, desde este lugar, personales, desde una posibilidad entre tantas, desde la humildad a la hora de poder acompañar a alguien en la vulnerabilidad, el dolor, comprender el lugar de poder en el que podemos estar, para poder realmente espejarle su propio poder y que cada persona pueda generar su mapa vivo, y no encarnar el personaje del que salva.

Que compartamos el hecho de aprender a conectar con el lenguaje del cuerpo, a dialogar con él, como propio, con la enfermedad en él, reconocer que necesita, que quiere decirme, o mejor dicho quiero decirme. 

Sobre Cuerpxs Manifestadxs

Carla Santángelo Lázaro 
Escritora. Cofundadora de Casa Índigo, un proyecto en el que investiga las literaturas autobiográficas con perspectiva de género.

Noelia Gauna
Masajista Ayurveda, Terapeuta Holística, Instructora y Formadora de Instructores de Yoga, Master en Reiki, Estudiante de Astrología. 

Agostina Guzzo
Licenciada en trabajo social, escritora. 

Sara Zironi
Herbalista, masajista, terapeuta menstrual. Estudiando terapia corporal integrativa.

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