COSAS CHICAS

COSAS CHICAS.

#Publicaciones #Poesía #Digital

~Textos | Rita Zampardi

Relatos y poemas sobre cosas.
De alguna manera, todos parten un extrañamiento y
sutil desintegración de los objetos o de las sensaciones.
Una manera linda de volver a darle vida a las cosas.

#SábadoEnLaRepu

12:52 am

Ep 06

cosas rotas

todavía no entiendo
por qué
no le dedicamos más tiempo,
o solo algo de tiempo
a romper cosas
pero no romperlas con violencia,
ni tirarlas con intención
sino dejarlas caer,
soltarlas
abrir la mano mientras
las miramos
atropellarse
contra el piso,
encontrarse
con su cuerpo
arruinado
ver cómo funciona
su gravedad
solemos
perdernos
la forma
de los objetos
desparramados
como rompecabezas
llenos de polvo
recubiertos
de nuevas astillas

te imaginas romper
para después
recomponer
con partes resquebrajadas
y extrañas a esa forma
con pedacitos
que fueron hechos
para ese objeto
pero que después
de caerse
ya no más,
o sólo de manera incómoda
todas las cosas serían como el placer de un caramelo ácido

la sensación del encuentro
contra un destino
que no lo abraza
sino que lo
enfrenta
y lo obliga a desarmarse
no hay más camino que rendirse
al impacto certero

la redención de la figura
recomposición o desechos
es un regocijo a los ojos
presenciar el destrozo
percibirlo y
sólo después
de ese éxtasis
repensarlo e intentar
descifrar su tensión y alivio
para
revivirlo en
loop
o volver a hacerlo
¿por qué todavía
no nos entrenamos
en la disciplina
de romper?

@ivmrls 4

basura – camión de basura

Caricias sucias

Entre madera y polvo, latas, aceite, comida escupida, pelos anudados, botellas de plástico y de vidrio, trapos, bolsas, cajas de pastillas, sangre, papel mojado, migas de pan, uñas, arroz y empanadas, pedazos de escoba, cartas apuñaladas, lapiceras y cintas, carton, tickets: caricias sucias. Caricias líquidas, densas, empolvadas. Caricias sucias. Caricias no deseadas; caricias sucias y determinantes. Cuatro manos que casi no se tocan, pero que acarician. Cuatro pies que suben y bajan y esperan las horas acomodarse a la suciedad del tiempo. Caricias sucias. Los pies no quieren acariciar. Caricias enguantadas, escondidas en la dureza de la tela, caricias que no quieren serlo. Caricias que no son. Manos que revuelven y ordenan, acomodan como artesanas: cajas y bolsas, remeras, sillas abandonadas, ladrillos que no encajaron, tierra, plantas que se murieron, cepillos de dientes. Uñas que se ensucian, aunque cubiertas, y rasguñan agazapadas su sostén metálico. La otra mano suelta, se mueve.  Uñas rasposas y llenas de huellas. Cables y clavos, libros viejos, cuadernos de primer grado, apuntes y tarjetas, invitaciones, papel, papel de colores, un cajón, un durazno, un carozo, yerba, agua. Caricias sucias. Manos pegajosas; manos lamidas; manos deslumbrantes de restos. Manos que todo lo tocaron. Caricias sin deseo; caricias obligadas; caricias indecisas; pero caricias, sucias. 

Yo corro atrás, camino cuando ellos paran. Es de noche y quiero volver a mi casa; pero me distraje. Generalmente me distraigo los martes a la noche, y más cuando es feriado. Termino dando vueltas, acostándome en las veredas, recorriendo kioscos y locales abiertos.
Caricias sucias, caricias ya cansadas. Caricias que se entorpecen con los segundos. Colores en objetos ahora opacados por la falta de luz: amarillo, naranja, verde. Todo tiende al marrón. Fundas de almohadones, forros usados, regalos sin abrir, medias rotas, bombillas, bombuchas, bufandas, agujas, marcadores, stickers, imanes. Carne y grasa. Caricias sucias. Caricias torpes y desquitadas. Impulsivas, desganadas. Caricias con olor a enchastre. Enchastre. El lugar donde todo se encuentra: lo roto e inutilizado, lo viejo y lo inmundo, lo que sobra, lo que entristece, los juegos que ya no se rien. Los juegos! Me faltaron los juegos; todavía no los había visto. En ese compost, las reinas cabalgan arriba de raíces ya muertas, las cartas se alborotan al encontrarse con los dados mientras chapotean arriba de manchas de aceite; el peón se coge al ancho de espada mientras las piezas de burako buscan a su correspondiente en dominó. El burako siempre fue tradicional. Pero ahora se revuelca arriba de sangre y mocos transparentes; se lamen y escupen sin pudor.  Un pañal le sirve de cama a los palitos chinos, que lo atraviesan pero descansan de tanto temblor. A veces, los juegos también quieren descansar. 

Hace calor. Es verano todavía; mi cuerpo se cubre de sudor y escupo en el piso. Yo también estoy excitada. Me siento en la vereda y me muerdo las uñas, mientras los veo alejándose. Sé que tienen otra parada más allá. Puedo descansar del olor.
Caricias sucias. Caricias encendidas; caricias enojadas. Caricias.
Me levanto y corro. Me distrae una bolsa enrollada en una rama. Escucho el ruido que hace su movimiento encontrándose con la dureza del tronco.
Para el viento. Sigo. Creo que doblaron a la izquierda.
Caricias molestas. Caricias que rompen. Manos que se suman al carnaval de saliva y sobras, pero que lo desprecian. Los cigarrillos se disfrazan de damas antiguas, mientras los playmobil juegan (finalmente) a suicidarse. Los anillos se cuelan en cualquier falo, los carozos miman a las medias, las uñas molestan a los viajeros. Silencio que ensordece, y después la máquina también procede. Los reúne con firmeza, los deja sin aire, les aprieta el cuello y los viola a todos juntos. Y mientras los acosa, ellos aprovechan para finalmente tocarse. Encontrarse. Lágrimas y sudor se desparraman. En ese sexo casi obligado, pero siempre deseado, se apelmazan risas y dientes, manchas engrasadas, telas, infinitas formas y materiales que por fin se penetran y vencen la lejanía del orden.  Festejan ebrios de excitación.
Caricias que ya no son. Caricias vengativas. Caricias indiferentes. Caricias. Golpe.

Ep 05

9 pm

entre ríos

Si mañana finalmente me fuera a Entre Ríos seguro tendría que pensar en los mosquitos y el protector, en el agua la humedad los baldes y los besos; tendría que decidir con quién dejar a las plantas y cómo combatir los caracoles a la distancia, pedirle a Margarita que venga a hacerme la cama cuando se deshaga y que sacuda los almohadones para que no se acumule el tiempo. Tendría que explicarle cómo funcionan las canillas, y cómo controlar la indecisión de mi ducha, cómo lavar las toallas sin mojarlas. Seguro le parecería rara la acumulación de llaves que cuelgan de la puerta y cuando entrara el ruido la asustaría… o quizás jugaría a hacer música cómo cuando toca el triángulo en el colegio. No sé si me voy a ir a Entre Ríos. Hace calor y a la noche frío, y está lleno de ciénagas y sirenas nocturnas. Sirenas fangosas que brotan de la tierra mojada, del barro, y tiran besitos al aire sin dejarte pasar. Las hojas son más verdes, el aire es denso, y el tío Juan solo dibuja plátanos en su cuaderno de papel sepia. Se hamaca en la silla mientras cuenta de 100 a 0, deteniéndose con más concentración en el 53 y en el 28. Solo eso hace Juan. A veces escupe el piso pero de manera chiclosa, sin impulso, saliva de persona en limbo. Cuando nos trepábamos a los árboles juntos, siempre cantábamos la canción de los niños pájaros que bailan con el agua; y vuelan a saltos hasta la ciudad y cagan encima de todas las personas que se paran en la esquina izquierda de Avenida de Mayo y 9 de Julio; solo viajaban para eso.

“Niños pájaros, picos con dientes de bebés,
plumas azules y verdes en las manos,
cruzan nadando en el aire
meneándose
y meándose
para tirar bolas de mierda
en pasajeros del centro”

En Buenos Aires hablamos de palomas en vez de pájaros… Y las odiamos, nos dan asco, ocupan un espacio sin plumas, de edificios acumulados y tenders en el balcón. En Entre Ríos no. Es como si llamarlas pájaros cambiara su condición. Son iguales… pero no cargan con el hechizo de estar en la ciudad. Juan y Margarita seguro se llevarían bien. Podría invitarla, y decirle a ella que se ocupe de llevar el repelente, el protector y los besos. Pero no sé si su prima la va a dejar. Juana es más ácida; y no sé si quiero compartir la postal ensalivada de Juan. Su boca chorreando brillante con burbujas en los labios. Y el plátano dibujado siempre igual; como un calco eterno que se repite en distintos momentos del día.

Si mañana me tomara el tren y me fuera Entre Ríos, seguro que llegaría una hora antes a la estación y me quedaría en el kiosco, apoyado contra la pared sucia y mis bermudas se llenarían de ceniza y pis de vagabundo. El chiringuito de la estación hace ricos panchos… Quizás podría ir a desayunar sin tomarme el tren… Pagar el ticket solo para pensar que me voy a ir y desayunar una salchicha sumergida en kétchup y mayonesa pensando en la llegada a Entre Ríos, en el tío Juan buscándome en la estación con una bolsa de pochoclos para cocinar en casa, y en la gorda de la cafetería que fuma masticando un chicle casi deshecho. También llamamos a todos los roedores ratas; no existen los ratones en Buenos Aires. Y también nos dan asco, están en la basura y transportan enfermedades letales. Los ratones son más fantásticos, bichos de fábulas y regalos. La rata Pérez.

Margarita ya debe estar viniendo. Seguro corre esquivando colectivos y bicicletas; la ciudad tiene muchos obstáculos para una niña con solo dos ojos. Todos están enfocados en su camino; sería lindo moverse imitando los gestos de las personas que viajan en otro vehículo. Es decir, los que caminamos manejaríamos volantes invisibles y apretaríamos el pedal con fuerza; los colectiveros pedalearían e irían por la bici senda, mientras las motos pasearían a velocidad transeúnte por la vereda, esquivando baldosas rotas; seguro se pondrían nerviosas cuando se encuentren con camiones apretados; deberían pasarlos x arriba… los camiones sí que ocuparían toda la vereda… pero los camioneros imaginarían recorrer las calles en monopatín. En fin… Margarita está caminando como si estuviese caminando. Debería prepararle unas galletitas y empezar a pensar cómo explicarle las manias de esta casa. Cuando esté en Entre Ríos no voy a querer que me llame. Su voz me va a hacer extrañarla, automáticamente voy a tener que ir a comprar uvas… Y son caras las uvas, sobretodo en Entre Ríos. Hay playa ahí. O sea, hay arena. Esa de la que salen las sirenas fangosas, las caras traviesas de seres inhabitados. Creo que por eso quiero ir… Cuando nos trepábamos con Juan siempre las veíamos; Lihuel decía que eran escarabajos peleándose y buscando no enterrarse en esa arena movediza. Y nos contaba que los gusanos terminaban salvándolos: estiraban su cuerpecito gomoso y los dejaban enganchar sus cuernos. Y ahí era donde los pobres bichos duros caían en esa trampa pegajosa. Salían, sí. No se morían ahogados en barro: pero los gusanos les abrían la boca y se acobijaban en su panza, encontraban el refugio seguro para vivir y comer sus tripas duras. Juan y yo nos asustábamos y pensábamos en los gusanos con disgusto… Pero la verdad es que seguíamos viendo sirenas. El cuento de los escarabajos y los gusanos me hacía acordar a las historias que me contaban en el colegio. Y a mí no me gustaba el colegio… Quizás por eso Juan y yo nos llevábamos tan bien.

Nunca fui a Entre Ríos. Debería ir. Si mañana fuera, si mañana finalmente agarrara mi valija y la llenara de ropa y papeles, seguro llovería y mi tren se estropearía… Los trenes que van a Entre Ríos no pueden mojarse.

Margarita está llegando. Voy a preparar un pancho con mayonesa y kétchup para recibirla.

Qué ruido hace el silencio?

Preguntas sin silencio
Qué ruido hace el silencio
silencio
sin lencios
lentas encías
ensimismadas
en silencio
ensordecidas
por el sí
del lencio
transparente
pero sólido
Hay ruidos
que se parecen
al silencio

Hay
alguna vez
escondido
silencio? Silencio escondido?
Dónde?
Solo veo el sí
y cuando “me” veo
cuando estoy
ya no hay
silencio
Qué pasa cuando el silencio
está solo?
Está solo alguna vez el silencio?
Está, en silencio, el silencio?
La ausencia de algo q lo contiene
Siempre tiene la ausencia
a su rival desparramado
Cómo habla el silencio?
Cómo habla el silencio cuando está sólo?
No puedo pensar en el silencio
sin hacer ruido
porque siempre estoy
ruideando x ahí
Cómo se piensa el silencio? Y en?
Cómo se piensa, algo
sin anularlo?
Cómo se piensa?
Qué significa sé?
Qué significa significar?
Qué
Que
Qúe
No puedo acentuar la Q
Por qué no puedo acentuar la Q
Silencio
Jerarquiza el silencio
y nunca es
A dónde vacaciona
el silencio

Foto: Rita Zampardi / Ilustración: Iván Morales

Ep 04

6:38 pm

6:38 pm

6:38 pm

techos y tejas

siempre que camino encima de tejas inclinadas fantaseo con la posibilidad acuática de deslizarme y construir un tobogán sin fin con las manos agarrando pedacitos ladrillo, siguiéndolos sin enderezarlos ni obligarlos a doblar ni a la derecha ni a la izquierda, nada más dándoles lugar a que caigan e imaginen destrozarse contra una calle llena de colectivos y ruido que los haría polvo pero encontrando caricias en mis manospies que justo los agarran en el momento antes y los transforman en un lugar aniñado donde los juguetes se hacen con lo que haya y los toboganes aparecen como pasadizos a lugares que parecen olvidados pero que se despliegan y sin entender cómo estamos inmersos en arena y playmobils que pueden ser lo que queremos y si queremos que no sean nada también pueden serlo 
los ladrillos las tejas aladrilladas se desprenden cuando camino encima de ellas y se van haciendo polvo naranja que se desdibuja como el humo y tengo que correr para no caerme aunque si me quedo quieta me voy a quedar suspendida en ese aire denso pero superfluo de las cosas antes de romperse y reconvertirse en algo que no van a volver a ser nunca de manera idéntica y reúne la perplejidad de los destrozos mientras camino y sigo recibiendo tejas para que no se encuentren con sus colectivos y asfalto rearmo caminos por encima de los cables mis pies entran justos aunque se me sale el dedo gordo que quiere refrescarse y tocar también la electricidad suave de las alturas de la ciudad quiero cerrar los ojos y lastimarme con algún clavo sin amo y que de mis pies llueva sangre entonces a los peatones les caerían gotas rojas y pensarían que estamos viviendo el findelmundo o algo parecido y solo levantarían la cabeza y me verían (o no) riéndome como un loco saltando perseguido por mi ejército de tejas que levitan y nunca llegan a estropearse en el piso pero producen la ilusión de hacerlo

Ecos

al final somos
inevitablemente
un cúmulo de ecos

un cajón de voces
y acordes
que abriga
palabras
y sonidos
meticulosos
translúcidos

un rincón que resguarda
también
nuestros pensieri,
el secreto profano
y lleno de enchastres
que se encadena
en nuestro adentro

como todo eco
nos percibimos
al principio de manera
grave y efusiva
para luego
desvanecernos
desdibujarnos

el deseo
del eco
es desmitificar
la violencia inocente
y primitiva
de la explosión.

Ep 03

2:20 pm

Sambayon entre ruinas

El sol me nubla los ojos. Cuando era chica, las ruinas aparecían como parques de diversiones que tenía que reconstruir con manos y barro. Cuando miro el sol todo se pone negro. Como arcilla, me imaginaba toboganes y puentes sobresaliendo como pulpos entre pedazos de (algo) arruinado. Arruinado. A la ruina de Hado. La ruina de al lado.
Las ruinas tenían color marrón clarito pero no eran tristes ni solemnes. Como un helado de sambayón, se podían moldear con la lengua. Corría a pasos largos mientras me ensuciaba los cordones. Me miraban desde arriba con caras risueñas y pícaras. Y yo corría y corría y corría.
Corría; corría; corría. El sol me moja los párpados.
Mientras comía un helado de sambayón, los cordones se me enredaban entre ruinas que moldeaba con la lengua. Les dibujaba puentes y ventanas, escaleras con terrazas. Tengo calor pero todavía no me puedo mover. Los demás se quedaban atrás y me dejaban correr; como si estuviesen dejando que me pierda; como si quisieran perderme me dejaban jugar con la arcilla de las ruinas entre castillos que me entraban en las manos.
Los colores de las ruinas eran como el desierto. Las manchas negras del sol me dan sueño. –Querés acostarte?- Me hacen acordar al ruido de los grillos en el campo; Me los imagino color marrón. Quizás un poco más chicos y saltando sobre ellas. En las ruinas solo había grillos.
Los puentes que construía eran largos y tenían paradas en el medio; miradores donde sentarse a ver… las ruinas. Hado siempre se recostaba ahí; me miraba. Le sacaba la lengua y seguía embarrándome las manos para dibujar ventanas. Siempre vacías, ya no vive nadie. Un reino que nadie gobierna. Quién gobierna sobre las ruinas?
Yo, la reina de cordones desatados y vestido con volados. Las pestañas me empiezan a quemar. –Haceme caso y acostate-

Caramelos

te acordas
cuando el amor
se daba
se regalaba
en caremelos
en papeles de colores
en letras
combinadas
de manera dulce
y comestible
se daba en caramelos
enserio
te acordas?
te dieron amor en caramelos?
de a cantidades
todos distintos
y juntos
en un paquete de amor
que abraza todos sus
sabores
que son solo uno
en realidad
el sabor
del amor
siempre es
parecido a la frutilla
muy muy dulce
rosado
y aunque no me gusten las frutillas
me gusta como se siente
en esa masa elástica
cuando es chiquitito es siempre
mejor
siempre esconde
un sabor más
sorpresivo
más intenso
siempre es el mismo
y siempre
sorprende
nos inunda
la boca de agua
y nos atrapa
en ese masticar chicloso
necesario y placentero
hay amores naranjas
dulces pero con más
sabor a
realidad
quizas
(no son como el amor rosado
que es parecido a la frutilla)
y amores verdes, frutales
cítricos, mentirosos en su naturalidad
y amarillos
ácidos
que te hacen cosquillear la boca
salivar
pensar en el sol

a veces el amor en caramelos
tambien puede ser
cómo comer pedacitos de fuego
un poco saturado
o teñido
hay amores azules
intensos
todo lo azul es intenso
y reconocible
siempre reconocible
y deseable
todo lo azul es deseable
hay amores de menta
aburridos
como todo lo de menta
rico sí
pero aburrido
envejecedor
hay amores de caramelos
que nos hacen la lengua nostalgica
y un poco más anciana

el poder del amor en caramelos
es dejarnos un lugar
para degustar la inocencia
del placer
del agua
de los pensamientos de un niño
un lugar para reposar
en la lengua
y en las muelas
y en los ojos achinados
el amor en caramelos
nos tiñe las pupilas de ternura
nos empaña el vidrio
por unos segundos
y nos hace pensar
que el afuera también
puede sentirse
como el amor en caramelo

Ep 02

10:40 am

Polleras

siempre
anhelamos
le temporada de polleras
ese momento
en el que se respira
el candor del viento
el terciopelo del aire
acaramelado por el calor
derretido y espeso
y las polleras aparecen
como un escape ligero
e inquieto que
se desliza entre piernas
y ombligos
nos cubre de manera distraída
y desordenada,
vacilante
dejándonos la opción
de exhibirnos
mientras nos resguardamos
en el “sin querer”
o en un movimiento inocente

las polleras tienen
el designio de
revivir las calles
invadirlas
de piernas y pliegues
telas sin vergüenzas
danzas poco cautelosas
bombachas deshilachadas
e insolentes
las polleras aparecen como el presagio
de los pies en la arena calentita
o del pasto entre los dedos

el aire cálido
rebalsa y se desliza
por la piel
bambolea ceremonioso
canta plegarias
que le ruegan al tiempo
permanecer
no dejar que las polleras
se guarden en cajones
o se combinen con medias
aburridas
quiere abrirles la posibilidad
de eternizar la juventud
porque, qué son las polleras
más que el reflejo de la osadía?

la revolución de las polleras
va a llegar
sin clemencia,
impasible
se va a reposar en el umbral
de todos los inviernos
que van a empezar
a desfallecerse
a hundirse en el deseo
a entregarse a la vorágine
de oportunidades
que se deslizan
en una pollera

Marina

Marina… si te fueras… si te fueras seguro que en mi casa habría menos ruido y más espacio para deslizarse con una taza de té. Seguramente mis plantas estarían más contentas, florecerían y las velas se prenderían a la noche con solo pensar en la idea de que se prendan. Las bicicletas…. Habría menos, es verdad. Pero al menos yo las dejaría seguir correteando como lo hacían antes de que llegues. Puede que te extrañe Marina. El té sin vos sería más amargo. Me faltaría el azúcar que le dan tus gotas de saliva escondidas. Pero Marina… quiero que te vayas. Si te fueras, si en serio te fueras, las frazadas dejarían de tener olor a invierno y mis zapatos al fin caminarían sin timidez por los pasillos de mi casa. Javier correría hasta cansarse; pero sí, correría llorando. Hay que llorar a veces! Sabes que más pasaría si te fueras? Mi ropa me vestiría! No eran cuentos de mentira…Te dije… Antes de que llegues, la ropa me vestía. Y yo caminaba desnuda espiándola mientras me buscaba. Usaba de collar las polleras y los collares de bombachas encadenadas. En los pezones me colgaban flores a veces metálicas, pero siempre de vainilla. Si te fueras!!! Finalmente los espejos reflejarían lo que ven! Ay Marina… Todos los espejos apagas. Qué manera tan teatralmente tímida de iluminar un espacio con oscuridad… Si te fueras para siempre, el horno se llenaría de pan y la leche desaparecería. Solo vos tomas leche. Las latas de galletitas nunca estarían en su lugar y los caracoles por fin podrían pasear tranquilos por la mesada. Hace frío mientras pienso en que te vas; o en la posibilidad de que te vayas. No me asustás Marina, pero para pensar en vos tengo que tomar mucho café. Quiero abrigarme pero no quiero volver a sentir tu olor a invierno; el olor que vas desparramando cada vez que te movés. Quiero que te vayas… Quiero dejar la ropa en la soga semanas y meses… y nada más sacarla cuando la quiera usar. Y volver a dejarla para que se moje. Si enserio te fueras, Marina, los vinos se descorcharían solos y se volcarían todos en el piso. Sólo podría caminar descalza y sucia; volvería a lamer las baldosas. Las perchas sostendrían a mis libros y los libros a mis fotos y las fotos a mis piyamas y los piyamas a mis cucharas, y así se seguiría formando mi cadena de objetos que después solo uso de hamaca. Pero Marina… con vos todo eso parece coartado. La palabra coartado es muy violenta en este contexto… ya sé… ya sé cómo mi mirarías… ofendida pero con lágrimas en los “ojos” que nunca termino de descifrar si son de llanto o de alegría. Marina… Dejáme sentir el placer de la idea de que te vayas. Ya sé que no te vas a ir. Y solo por eso puedo pensar en cómo sería que no estés. Si te fueras… Si te fueras los dados se embriagarían de juego y los esmaltes pintarían los sillones. Mi casa se transformaría en un desorden de formas en el que me escondería para no salir. Quizás por eso en el fondo quiero que te quedes. Pero seguramente, si te fueras… desde el balcón entrarían todas las luces mojadas de la ciudad… Los últimos días llovió en Buenos Aires. Y las calles se espejaron… Sé que las viste. Te fuiste unas horas. Pero el tiempo que te vas no es suficiente para que todo vuelva a ser SinMarina; Nomarina; InMarinanado. Harina. Si te fueras la harina volvería a tener la inquietud de antes. Se movería por todas partes como si no estuviese empaquetada y el piso sería un enchastre de vino y harina. 

Ay Marina…


Fotografia:  Rita Zampardi  /  Pintura: Ivan Morales 

8:30 am

Ep 01


acuarela

cada vez mas ajeno mas lejos te vas desdibujando te convertís en acuarela
y a mi se me cayo el vaso encima tuyo te borre de una manera azucarada
y casi inocente sin querer te prometo, quizás o queriendo verte desparramado
 en una hoja que ya no es blanca ni de ningún color es una enchastre
casi transparente donde los colores ya no se distinguen no quieren separarse.
 lamentablemente (o no) la angustia es impermeable

Rita zamparddi

lobos marinos


por mi ventana a veces pasan barcos y en la calle lobos marinos 

las imágenes de una ciudad costera -anónima- penetran continuamente en mis ojos

.-Qué vas a querer?

no sabía si pisarlos o no. parecían inocentes pero Dante no se rió cuando le confesé mi idea de atropellarlos. 

-Un café chico, por favor. 

los barcos se mueven lento y aparecen de noche. sólo los veo de noche. quizás Dante los ve de día y por eso nunca hablamos de lo mismo. él quiere cerrar las persianas y yo no. es probable que nos mudemos. 

-Qué queres hacer, Juana?

mamá siempre quiso que vivamos en la costa. hubiese podido ser profesora ahí, criarnos entre baldes y vientos.

-Esperar a que traigan el café. 

los barcos que navegan por mi ventana son lentos y enormes. como ballenas de metal blancas se mueven entre mis cortinas, en hilera. no llevan bandera y los marineros no saludan. 

-Compré azúcar para llevar a casa

-Yo pasta de dientes 

los marineros que saludan son los de la costa a la que mamá quería que vayamos a vivir. los de mi ventana me miran con ojos húmedos pero sin nostalgia.


Fotografia:  Rita Zampardi  /  Pintura: Ivan Morales