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LA CHARLITA

#Publicaciones #Charlas #Arte

~ Una serie de Julieta Rosell
Preguntas, chistes y códigos. Obras, sospechas, deseos e incomodidades. ¿Cuál es el flash? ¿Cuando arrancaste con esto? ¿Qué estás haciendo ahora? Motorizada por una curiosidad caprichosa y oscilante, la charlita es una excusa para el encuentro y el intercambio con artistas y gestores de arte, y se materializan en perfiles de obras y haceres que dan indicios sobre algunos procesos e intenciones del campo de las artes visuales de aquí y ahora.

~Bs As

/2022.

Episodio 3: Daniel Leber

Hombres palito, metafísica y memes.

Daniel Leber vive en Villa Urquiza y pinta en su casa. Tiene su taller de herrería a unas cuadras. No puede usar el taller como lugar para pintar porque aparentemente la herrería es muy sucia. Villa Urquiza es un barrio de Capital Federal que está al final de la línea B de subte, la que va por Corrientes. Yo a veces confundo algunos barrios de Buenos Aires, especialmente Parque Chacabuco y Parque Avellaneda (que son parques, además de barrios), y me sirve este tipo de referencias como subtes y avenidas, para saber hacia a dónde estoy yendo.

Conocí a Dani en el 2013 en Labordeboy, un pueblo de la provincia de Santa Fe, en una residencia para artistas que consistió en 20 personas viviendo y trabajando en la escuela primaria del pueblo todo un enero. Necesitaría robarle demasiada extensión a este texto para desarrollar esa experiencia, así que voy a saltearla gentilmente y resumirla como “el lugar donde nos conocimos con Dani: Labordeboy”. Para dar un mínimo contexto, Dani participó como residente pero también, bastante imprevistamente para él, como organizador. Desde antes de la pandemia que sigo algunos de sus movimientos (cosas que sube a Instagram) y hace un tiempo me di cuenta que lo tengo idealizado como un artista de esos que cuentan con la inteligencia y la sensibilidad para moverse por todos los recovecos del mundo del arte, de una manera que está lejos del cálculo y más cerca de disfrute. Mientras voy transcribiendo nuestra charla advierto que hablamos mucho de “lo amigable” y “lo lindo.

Cuando fui a visitarlo el día del cierre en su muestra Laberinto, me acuerdo que yo buscaba concentradamente articular una pregunta: ¿Cual es el… y Dani me interrumpió arriesgando un final: ¿Cuál es el… flash?. Esta charlita fue lisa y llanamente una excusa para continuar esa conversación.

Me quiero poner al día un poco con qué está haciendo y a medida que me hace un repaso cronológico (que a diferencia de lo que me imaginaba, no sé por qué, tiene todo bastante ordenado por años en su cabeza) veo que Dani se dedicó a construirse una forma de vida lo más autónoma o independiente y vinculada al arte posible. El resúmen es que cuando empezó a trabajar en el MAMBA en diseño, producción y montaje tuvo plata para alquilarse un taller y una vez ahí se puso a aprender herrería (a través de un amigo y también de forma autodidacta, con youtube) y le empezaron a surgir changas que competían cada vez más con su trabajo fijo en el museo. En 2020 renunció y se dedicó a hacer herrería por su cuenta y a destinar más tiempo a pintar.

 Yo le digo que su trabajo de herrero, en el que desarrolla muchos encargos para artistas, me parece una forma muy orgánica y sustentable de seguir haciendo cosas vinculadas al arte. Dani lo entiende como “todo ese mundo que se abre cuando podés ayudar a otros artistas a hacer sus cosas: trabajo con artistas, no me voy muy lejos”.

Las pinturas que está haciendo ahora son de gran formato.También podrían verse como de mediano formato, pero para lo que venía pintando Dani son enormes. Pinta muy lento, con óleo sobre maderas. Como trabaja en su casa, convive todo el tiempo con las pinturas, que están apoyadas a ambos lados de su living, como revistiendo las paredes. Nos ponemos a ver pinturas anteriores y disfruto mucho este momento en que empieza a ponerme pequeños tabloncitos destellantes en las manos, porque sé que la conversación se va a poner pinturística, que para mi quiere decir que se habla de la pintura, de los flashes particulares de la pintura y del pintorx; y en la conversación pinturística, lo sé por experiencia, se puede hilar muy fino. Me dice que las obras deberían estar terminadas unas semanas antes de la muestra, para poder llevarlas secas. Puedo ver que está muy manija con el experimento de pintar más grande, y me cuenta que después de sus últimas muestras sintió que construyó una imagen que lo satisface y quería ver qué pasaba con eso que le sacó la ficha, pasarlo a otra escala.

Durante la muestra en Isla Flotante, empezó a ver que en el observar las pinturas se producía una experiencia física con el recurso que él llama, el “efecto neón”.

“Sentía que generaba una cosa como “che qué onda”, y se preguntó, medio a modo de desafío, cómo sería poder poner mas fichas en esa experiencia y generar algo mas, por así decirlo, lisérgico? Como “bueno listo, tengo esta posibilidad de poder hacer un efecto neón en una cosita así chiquitita: si eso te coloca, cómo será en grande?”.

Me encanta su manera de explicarme lo que se propuso, por dónde decidió ir con el flash. Me hace pensar en esa sensación de certeza auto infundada de toda decisión tomada, ese impulso de saber por dónde ir a explorar, esa urgencia por profundizar y llevar al extremo un recurso.

Acá Dani me muestra un nuevo conjunto de pinturas chiquitas y nos ponemos a analizar lo que él llama “lo básico de esta cuestión flashera”, me enseña las precursoras del efecto lisérgico y me explica cómo funcionan algunos recursos: los colores complementarios enfrentados generan un contraste de explosion, que sumados a contrastes de luz y sombra van generando choques más violentos y choques más ilusorios, y van creando los efectos ópticos.

Me trae unas pinturas que estaba pintando para la muestra de PM y me dice que las terminó la semana pasada. Yo entre incrédula y tomada por la curiosidad le repregunto inútilmente: pero… estaban sin terminar?! Y me quedo pensando.. “O sea, los empezaste en un mood y los terminaste en otro”, a lo que Dani me responde “si.. medio como dándome cuenta qué había querido hacer. Tengo varias pinturas sin terminar que en un momento las agarro y las termino”.

Me quedo pensando en la sabiduría y la tiranía del tiempo, como si en esos lapsos de standby decantara algún tipo de información, o una forma de percibir la propia pintura, de entenderla. ¿Qué se transforma en esos tiempos de pausa?, ¿cómo saber si una obra se abandonó definitivamente o si todavía está en proceso?, ¿cuántas cosas diferentes puede significar “terminar una pintura”?

Le pregunto por las pinturas que hizo para la muestra Pedo Místico, que tienen todas un formato particular, como una tabla alargadita con una abertura debajo. Me cuenta que son tapas de cajones de colmenas que los apicultores eslovenos del siglo XVIII y XIX decoraban con escenas populares. Esta tradición, con la que guarda un vínculo afectivo porque la conoció a través de sus abuelos, la usó como referencia o cita, para esta serie. Yo le pregunté por qué lo hacían, cuál era el sentido de esta práctica de pintar las tapas de los cajones de colmenas. Me cuenta que los apicultores gozaban de un estatus social mayor que el del resto de los campesinos, y podían darse el lujo de decorarse sus propias herramientas. A medida que me habla de esta práctica voy entendiendo por qué le fascina tanto: no hay una pretensión de realismo en estas pinturas porque las pretensiones son otras. De hecho cuando esta tradición se academiza y la pintura se pone en plan virtuosismo para Dani se vuelven feas. Le gustan las que son más conceptuales porque el objetivo es transmitir una idea más que una ilusión de algo. Yo le digo que puedo entender que le interesen las formas esquemáticas que expresan un concepto, que veo eso mismo en sus hombres palito. Estas figuras, que pueblan sus pinturas de los últimos años, con las que construye sus propias escenas populares, cargadas de un imaginario metafísico de lo cotidiano con guiños espirituales, presentan el desafío de hacer rendir al máximo una batería reducida de recursos gráficos y pictóricos, para que den cuenta de diferentes situaciones, acciones, climas, sentimientos. ¿Cómo generar, con un lenguaje acotado, con escasez de recursos, la variedad de matices suficientes que le permita representar con eso lo que quiera? La famosa paradoja de la restricción que genera libertad. No le interesa el realismo: no se cuelga en hacerle el efecto de la ropa, el pelo que cae, toda esa parte decide sateársela deliberadamente.

Dani me explica que debido a la simplificación extrema del palito, la expresividad tiene que estar repartida en otras áreas: “tal vez no podés hacer un rostro triste pero podés usar el color, la idea misma del hombre palito, la situación o incluso la composición”. Los personajes de palito caminan, bailan alrededor de un fuego, pasean perros, se abrazan, viajan en subte.

Y acá Dani desarrolla algo que tiene re estudiado, re repasado en su cabeza: le interesa la cuestión más simbólica del arte y un símbolo justamente se aleja de la cuestión realista. “La forma más fácil de entender algo es a través de una simbolización, y esa simbolización no tiene para nada pretensiones realistas ni ficcionales: el símbolo no es una ficción, es un símbolo. El tema del realismo es una situación que no me interesa transitar en la pintura”.

Me cuenta que hace muchos dibujos en un cuaderno y después los vuelve a mirar y elige los que va a pasar a pinturas: yo le digo que les hace un casting a sus propios dibujos. Los elegidos, los vuelve a dibujar pero en proporciones áureas. Le recuerdo que en la muestra de Isla Flotante nos mostró la reglita tipo compás con la que medía y fiscalizaba la proporción áurea que había puesto entre los elementos de sus pinturas. En este punto aprovecha para hacer su defensa de la proporción áurea: “Para mi funciona porque estás acomodando las cosas de una manera que “naturalmente” es armónica, entonces te genera una sensación placentera”. Le interesa que el plano esté organizado de una manera que funcione para mostrar de la mejor manera ese símbolo y todos los elementos están organizados en función de eso. Yo le digo que tanto en el uso de la proporción áurea como en el “efecto neón” veo algo así como una voluntad de ilusionismo, de truco, de querer generar algo, inducir algo en lx espectadorx. Y también le pregunto: Puede ser que también hay algo del humor? Este hombrecito por ejemplo, parece que lleva el sol en una bandeja. Me responde que le gusta que sean un poco graciosas, poder romper un poco la solemnidad con el sentido del humor.

La economía de recursos del palito me hace pensar en los memes. Y esto no se lo comento inocentemente, sino porque por su comportamiento en Instagram deja entrever que es un gran fan de los memes, por lo que intuyo va a coincidir con la apreciación que voy a inventar a continuación. Un meme puede remitir a un montón de cosas con sólo unos pocos elementos, que a su vez combinados diferente pueden aludir a cosas totalmente distintas. También implican prescindir de elementos para llegar a un sentido, y su finalidad tiene que ver muchas veces con inducir un efecto.

Volvemos a hablar de su proceso, y hace un resumen de su método:  “Son muchos pasitos que me dan margen para no tener que pensar demasiado a la hora de resolver ese “efecto amigable”. Voy llenando cuadernos a lo pavote con los dibujos, despues los elijo sin pensar demasiado, y hago bocetos de color. Me gusta que haya contrastes estridentes y amigables, y empiezo a pintarlos con colores amigables. Y de repente aparece y no pensé demasiado del principio hasta el final, sólo tomé un par de decisiones en el camino”. Con esto entiendo que tal vez no le guste abandonarse al no saber hacia donde está yendo, y esta secuencia de pasos nunca le van a hacer sentir que está a la deriva.

Yo sospechaba que él tenía un significado para cada tipo de elemento, una idea fija por cada símbolo que pintaba, como un lenguaje propio de formitas y hombres palito. Pero me cuenta que él ve las imágenes y no entiende bien qué quiere decir. Mientras pinta piensa en muchas cosas que estos hombrecitos podrían ser, o le pasa algo durante los días y lo asocia con esa imagen, como intentando decirse algo a sí mismo, y entiende que en esos procesos más cortos de no tomar tantas decisiones, es más fácil que aflore ese inconsciente.

A Dani no le cuesta hablar de lo lindo, es algo que entiende bien y que incluso investiga. ¿Puede una pintura inducir estados de ánimo, efectos ópticos o lapsus de euforia? “Yo tengo una forma estridente de usar el color que es atractiva al ojo. A diferencia de una pintura que se regocija en agredir al ojo, mi pintura está más empeñada en que digas “qué lindo”. Como si quisiera ser amigable, como si quisiera agradar, como los letreros de neón, o los memes. Podría pensarse como manipulador, pero rápidamente te das cuenta que es algo propositivo, como si estuviera trayendo ideas todo el tiempo. Esto mismo puede verse en los textos que sube a instagram con sus pinturas: textos declamatorios y declaratorios, en donde dice cosas que piensa y “traduce” o pasa en limpio los frutos del proceso de pintar. A partir de esa experiencia de hacer algo con las manos, en donde parece que la cabeza no está ahí, pone en palabras lo que le entró por el cuerpo.

Dani se sabe dueño de sus herramientas y va sacando fichitas a lo largo del camino, como hallazgos, a los que se aferra con una ilusión y una confianza envidiables. Como si encontrara un real disfrute en hacernos flashear con el efecto neón, como si fuera un trabajador autoproclamado del goce visual, un artesano de las líneas y los colores de efectos droguis, un mago de las pequeñas escenas cotidianas. Como si todo el tiempo estuviera regalando algo intangible.

23 de junio del 2022

Episodio 2: Jazmín Giordano

Utilísima, detergentes y 8M

Llego a la casa/local/taller que Jazmín habita de prestada en el barrio de Villa Crespo. Está por irse a hacer una residencia y pasar un tiempo afuera y hace poco que terminó su última muestra, así que ya tiene todo medio guardado desde que lo trajo de Pasaje 17. Nuestra charla estuvo plagada de pausas del estilo “esto no lo pongas”, lo cual me hacía sentir que estaba entrevistando a alguien dando declaraciones y me divertía bastante. Charlamos sobre los formatos, sobre el mundo del arte, sobre los feminismos especulativos, sobre cómo las instancias de legitimación generan demandas de adaptación a los cánones o normas del arte. ¿Existe un “buen feminismo”, ¿existe en contraposición a todos los otros?. La picantez de Jazmín reside en su constante lectura crítica de los mecanismos de circulación de las artes visuales locales. ¿Pueden haber algo así como hegemonías en el arte? ¿Cuántas formas hay de hacer arte político, o feminista?, y más aún, ¿cómo se ponen esas etiquetas hoy?.

Personalmente hay algo de lo sobrecargado que me gusta en el arte en general (si, dije me gusta): el despilfarro desplegado, el derroche… y hace mucho que quería juntarme a charlar con Jazmín sobre su obra para entender un poco más sus flashes y en qué lugar se para como artista. Descubrí que en este ejercicio autoimpuesto de intentar ser fiel a la charla, la expectativa puede ser traicionera. Mi intención/estrategia era hacer un montón de preguntas, pero lo que terminó sucediendo fue que Jazmin me contó muchas cosas en torno a sus obras que me dejaron semanas pensando cómo procesar todo lo que vimos, y creo que el resultado es una reflexión quizás menos espontánea de lo que me imaginaba en un principio. Al final me dieron más ganas de escribir sobre su obra, traicionando bastante sin culpa mi propio objetivo original de retratar una charla.


Nos conocimos en uno de los últimos niveles de pintura de la UNA, donde le recuerdo que llegó a mostrar sus primeros videos, en ese momento en que su pintura empezaba a estirarse, a expandirse hacia soportes objetuales hasta terminar en instalaciones, en videos que empezaron con stop motion y en un uno de sus últimos proyectos, específico para redes sociales. ¿Cómo es que llega la pintura hasta ahí, cómo se ensanchan las posibilidades hasta llegar a algo tan maleable? ¿Cómo se habita ese horizonte, a veces incómodo del “todo puede ser”? Estos caminos no siempre son tan claros y Jazmín reconoce el tiempo de la incertidumbre, ese no saber, como ella misma dice, de qué pedo va la obra. Sin embargo, por alguna razón o circunstancia, las series que va trabajando parecieran contagiarse entre sí, se continúan, como si cada conjunto de obras llevara oculto el germen de las siguientes.

Su deriva pintura/objeto empezó cuando en una clínica a la que asistía le propusieron trabajar con una materialidad nueva. Entonces se puso a pintar sobre floreros: “Cosa horrible… a mi me encantaba igual”. Esto le hizo intervenir objetos, que mutaron en instalaciones, que se convirtieron en fotos, y que la llevaron a actuar los personajes de mujeres que habitaban estos espacios, que perdidas y medio dopadas por un sofocante entorno doméstico, comen torta a escondidas, hacen aerobics, se enamoran del príncipe.

En la pintura de Jazmín no hay signos de amateurismo: no hay pinceladas en falso, ni borrones, ni tachaduras, ni colores sucios. Es prolija y pensada, diseñada. Hace un uso profesional de la pintura decorativa, una técnica que la programación de Utilísima Satelital se encargó de enseñarle a varias generaciones de mujeres.

No es casual que Jazmín haya elegido desplegar esta técnica que, según ella misma cuenta, tuvo que aprender, y aprender a enseñar, para satisfacer las demandas de sus alumnas señoras en su taller de pintura de Lanús. El “arte señora” como ella misma lo caracteriza un poco en chiste, combina las manualidades propias del “gusto femenino”, con los que nos evangelizaron programas como Bricolage (hashtags patriarcado, heteronorma, eso que llaman amor es trabajo no pago): operaciones de embellecimiento de objetos que involucraban técnicas de degradé, decoupage, patinado, modelado en porcelana fría, todo en vistas de embellecer esos rincones del hogar que en la obra de Jazmín se traducen en instalaciones abarrotadas hasta la asfixia de superficies pintadas.

Los estampados superpuestos y el exceso de decoración se vuelven decadentes, el derroche de ornamento, sin saber cómo mirarlo, se vuelve incómodo, casi fastidioso. Vemos el despliegue del deber ser femenino pasándose de rosca.

Más allá de la lectura (y la condena) que podemos hacer hoy de Utilísima, me asalta rápidamente la imagen de las tardes en la casa de mi abuela. Nos recuerdo esperando entusiasmadas a que empiece Hágalo Usted Misma, que en un salto generacional mágico, nos iba a dar a las dos, abuela y nieta, alguna idea para encarar una manualidad, o aprender una nueva técnica para pasar la tarde juntas. Y acá me invade la contradicción. ¿Cómo habitar esos recuerdos (que hoy podemos etiquetar como) felices de la infancia, de cuando vivíamos todavía en esa fragilidad virgen de lecturas en clave de género y pre conciencia de la opresión sistémica, pre “empoderamiento”, cuando no teníamos tan claro como generación -o al menos yo-, que Utilísima tenía un target específico por una razón particular?. Estas preguntas que se me activan viendo las obras de Jazmín, es ese lugar de sentimientos encontrados donde creo que opera mucha de su obra, en el borde entre la referencia y el escrache, entre el guiño y el chiste zafado, entre la celebración y la denuncia.

Jazmín usa, casi exclusivamente, la pintura decorativa porque la conoce, porque sabe cómo hacer degradés para los pétalos y pelajes de animales, y se inventa un poco jocosamente la categoría arte señora, porque el arte señora, en su afán decorativo y en su forma anti programática del pasatiempo, bien puede ser todo lo que el reducto profesionalizante del arte contemporáneo no es.

Me contó que una vez mostró una instalación que consistía en una estantería con detergentes intervenidos, decorados, en una muestra que inauguraba un 8M, y que una mujer mirándolos dijo “ay, justo ahora mostrar esto?”. La literalidad puede hacer de los detergentes decorados una celebración. Este tipo de superficialidades y de literalidades, parecieran ser riesgos que Jazmin disfruta tomar. Riesgos pero en el sentido de desafío. Pienso en las formas que se acartonan, en el feminismo que en la urgencia por visibilizar y condenar, pierde contacto con sus propias contradicciones. De vuelta, la delgada línea, el borde de una cosa, justo ahí cuando empieza a ser otra.

Pero no sólo de técnica se hacen algunas obras. Jazmin me comenta que detrás de la serie La Favorita hay mucha investigación sobre acontecimientos de los 90: neoliberalismo, ropa importada, la clase media accediendo por primera vez a las vacaciones en la nieve. En las pinturas de esta serie aparecen mujeres reales, con nombre y apellido, personajes emblemáticos de la política y la cultura pop argentinas, retratadas con un realismo medio ridículo.

Todas estas ideas del dominio sobre el propio cuerpo y la propia imagen (“Yo controlo mi cuerpo” es una frase que se repite como un mantra imperativo casi violento en uno de sus videos), el optimismo desmedido, la belleza canónica perseguida o impostada, las demandas de productividad, podrían funcionar como pistas o ensayos para Salto de Fe. Este proyecto se materializa en posteos y videos donde Jazmín actúa de coach empresarial/espiritual, y lleva al extremo en un juego de ficción verdad los discursos neoliberales y marketineros de la responsabilización individual sobre la propia felicidad y el bienestar. ¿Es una obra hecha para Instagram, o es una cuenta de Instagram que es una obra?

Las últimas pinturas que hizo en la cuarentena son grandes formatos con los que convivió unos meses apretada en su propia casa hasta que pudo mudarse a un taller más grande. Son paisajes estridentes en situaciones de catástrofes ¿naturales o causadas por el humanx?, que van acompañadas de frases de canciones románticas como “hasta que me olvides” o más bailanteras como “un pasito pa’ lante, un pasito pa’ atrás”. La utilización de frases en sus obras empezó en Imperio, siguió en las pinturas motivacionales, donde cinismo mediante nos dejaba leer cosas como “Elimina el exceso de pensamiento” o “Aprende a ser feliz en la incertidumbre”.

En esta nueva serie los imperativos desaparecen y Jazmín se pone pesimistamente jocosa, y pareciera entregarse a coquetear con preguntas más filosóficas sobre la supervivencia rasa de la humanidad: atrás quedaron los gurúes, ya no hay posibilidades para una humanidad que se consumió a sí misma, que aceleró sus propias lógicas. Sólo queda el horizonte nuevo de la catástrofe que nos enfrenta a la posibilidad de una realidad en la que no vivimos ni del arte, ni del feminismo y los derechos conquistados, sino de la incertidumbre de un pasado difuso y un futuro inexistente.

26 de mayo del 2022

Episodio 1: LAR - local de artes recientes

Hosteo, intercambio y vasos de vino

Llego en bici al Local de Artes Recientes, cifrado LAR, un domingo al mediodía, horario acordado para juntarme a charlar con Belén Coluccio y Lucas Martinelli sobre su espacio ubicado en una esquina del barrio de Paternal. Conocí este proyecto a través de la convocatoria que lanzaron en septiembre del 2020 justo cuando abrían sus puertas en el contexto full pandemia. 

Nos sentamos alrededor de una mesa con rueditas que llevamos hasta al lado de la puerta; la otra mesa tiene los vasos con restos de vino y tés del día anterior. Ayer fue el cierre de la muestra de Martin Farnholc Halley (acompañada por una publicación de Nicolás Cuello), que todavía convive en el espacio con el taller abierto de Triana Leborans y una intervención en las vidrieras, en proceso, de Florencia Valente.

LAR es un espacio de exhibición y de experimentación en artes (el plural es importante) y también alberga artistas que vienen a hacer residencias por diferentes períodos de tiempo, usando el espacio para llevar adelante investigaciones, pruebas y procesos. Me queda clarísimo que a Belén y a Lucas les gusta hacerse preguntas y no les genera ansiedad no tener las respuestas a mano. Están atentxs a las formas en que las personas se acercan al lugar, a cómo su espacio es aprehendido por quienes pasan por él, a las condiciones de producción de lxs diferentes artistas que intervienen: algunxs usan el espacio para ensayar, otrxs para montar su obra, y les entusiasma observar cómo cada unx trae diferentes funcionamientos. 

Ante mi pregunta básica e ineludible sobre cómo arrancaron con el proyecto, Belén me contó que se conocían de hace mucho con Lucas, que venían hablando en la pandemia y que tenían ganas de hacer algo juntxs: 

- No sabíamos si era escribir un artículo o qué. 


Escuchar esto me recuerda esa sensación de fertilidad mágica del “todo puede ser”, cuando todo está por darse y puede tomar cualquier forma, sensación que voy a volver a sentir varias veces a lo largo de la charla con ellxs. Este tipo de impulsos en donde nada y todo es descabellado. Me dejo encantar por el relato del enamoramiento de Belén cuando vio por primera vez este local con el cartel “se alquila”, en una de sus largas caminatas pandémicas, como el justo y merecido premio de toda deriva flaneur de descubrir lugares inadvertidos y maravillosos en tu propio barrio. Le llamó la atención la puerta dorada y el sol de la tarde que dibujaba las sombras de las rejas diagonales, como una trama invasiva y destellante sobre las paredes.

 

Lo primero que sucedió fue una muestra de Caro Angriman con la que abrieron en el marco de La Gran Paternal, y luego se dieron un tiempo para pensar cómo iba a funcionar el espacio: ¿va a ser una galería?, ¿puede ser éste nuestro laburo?, ¿va a ser nuestro taller?. Hasta que tomó forma la primera convocatoria abierta, que les brindó, entre otras cosas, la posibilidad de hacer lecturas sobre las necesidades de lxs artistas. Me cuentan que el primer año, muchos de los proyectos que recibieron buscaban habitar el lugar, demandaban espacio físico donde desplegar el trabajo (por ejemplo, de gente ensayando una obra en un monoambiente). Esto los condujo a hacerse preguntas sobre el tiempo, el espacio y las particularidades de cada actividad, por ejemplo, frente a la posible convivencia de proyectos de danza con el taller de unx artista visual:

- Nos dimos cuenta que había una curiosidad entre lxs residentes sobre cómo una persona que viene de otra disciplina hace uso del espacio de trabajo y cómo le propone al espacio transformaciones diferentes, porque unx artista visual tal vez necesita desplegar, dejar las cosas colgadas y después de un ensayo de danza o performance quizás no queda rastro.

Actualmente se están llevando a cabo las propuestas surgidas de la segunda convocatoria y observan que, de un año a otro, las necesidades de lxs artistas cambiaron y están ahora más asociadas a la circulación, al movimiento y a los contactos que propician los encuentros. En el participar de esa circulación, el espacio produce lazos entre personas con ideas diferentes:

- Hay artistas que ya hicieron algo entonces vuelven, hay artistas que están por hacer algo entonces vienen a conocer el espacio y conocen a otros artistas, y se quedan viendo cómo el otro usó el espacio

- A veces con Lucas nos quedamos medio paradxs en la esquina mirando, nos divierte la diferente fisicalidad o la forma de estar rancheando, las voces que suenan distintas, por ejemplo entre un grupo del arte contemporáneo porteño que viene a una inauguración y otro grupo más del palo del teatro, o también con gente que se acerca de diferentes edades.


Llevar adelante este proyecto tiene mucho de hosteo, de alojar y de acompañar. La apertura del espacio hacia diferentes usos e intervenciones les propone un abanico de roles adaptables a cada proyecto: desde ser curadorxs acompañando procesos hasta formas de intervención más fantasmáticas o instrumentales, como hacer de montajistas o ponerse a charlar con la gente que viene por primera vez.

- El año pasado estuvimos trabajando mucho nosotrxs en los textos, trabajando muy cerca de lxs artistas, pero cuando otrxs toman esa tarea resulta también interesante. Lxs artistas o lxs diferentes actorxs que participan se manejan en el espacio y eso nos pone en una manera diferente de ver y apreciar lo que ocurre, y nos lleva a hacernos un montón de preguntas sobre qué es este espacio y para qué funciona, cuando otras personas traen otros funcionamientos.

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Llevé pensadas varias preguntas para hacerles, de las cuales la mayoría no tuve ni que articular porque se abordaron solitas en el devenir de la charla. Una era: ¿Qué rol/lugar creen que ocupa LAR dentro del circuito del arte?, ¿qué tiene de nuevo o de diferente para ofrecer? Si es que tiene que tenerlo. Belén me dice que ella ve la indefinición del espacio como una posible intervención rupturista sobre la escena. En LAR se valora mucho la indeterminación, que habilita la existencia de dinámicas que no están del todo cerradas, como la propuesta que les acercó Dani Leber: un grupo de estudio sobre metafísica y esoterismo, cuya intención es que el programa se arme en función de los intereses de quienes se sumen a esta actividad. ¡La recurrente inquietud del arte sobre los formatos! ¿Cuán condicionados estamos lxs artistas por los formatos a la hora de producir o proponer experiencias, cuán condicionados están los espacios a la hora de configurarse? LAR no participa de la lógica de galería pero al mismo tiempo aloja muestras, y frente a las disyuntivas que se presentan, deciden no responder a las demandas de lo que se supone que tiene que hacer un espacio para crecer o superarse, haciendo caso omiso a ciertas ideas de formato que a veces están introyectadas. Como bien indica Lucas,

- El concepto de pared blanca no viene antes que la obra.

Lejos de la idea de cubo blanco, los colores de las paredes de LAR se modifican en función de alguien que va a hacer algo en particular,

- Entonces está el color de esa pared que Martín usó para la muestra, que antes había usado Juan que pintó un poquito… Hay paredes pintadas de muestras anteriores que de alguna forma estructuran una poética del espacio, en donde las intervenciones en el color de la pared responden a las intenciones o a las necesidades del artista y no a la idea de la pared blanca.

Lucas trae a la mesa la palabra voluntad:

 - Al no ser un espacio institucional, que no tiene una función económica concreta ni un programa legitimador, se producen cosas interesantes cuando lxs artistas deciden venir a mostrar su obra voluntariamente.

Esto me hace pensar en las infinitas formas que existen de ser artista y de presentarse al mundo como tal, en los múltiples lugares a los que queremos pertenecer y de los que queremos distanciarnos. Bajo todos estos matices se construyen las carreras de lxs artistas. La emergente existencia del tarifario de artes visuales, opera como referencia y herramienta para entender el valor de nuestro trabajo y como escudo contra las vastas formas de precarización en el ámbito de la cultura -y tiene el hermoso agregado de haber sido construido bajo el consenso del asambleísmo colectivo-. En simultáneo, este tipo de iniciativas convive con el dilema de la profesionalización y los riesgos de que se restrinja el arte a una actividad regulada, en donde cada acción artística tenga que ir acompañada de su correlato económico. Observando el protagonismo que cobran en LAR la voluntad y el deseo, me pregunto cuán a menudo nos habilitamos búsquedas más efímeras, que excedan las lógicas de los marcos regulatorios que el propio circuito impone. Si bien resulta saludable y necesario que exista un mercado para el arte (uno o muchos, preferentemente), la problemática siempre actual del profesionalismo refuerza la urgencia de pensar otros tipos de organizaciones que puedan hacer frente a los mecanismos de acartonamiento de las múltiples actividades e intenciones artísticas. LAR se presenta como un lugar propicio para hacer cosas que no se pueden hacer en otro lado, para ensayar lógicas vírgenes, para incentivar intercambios impensados.

Otra de mis preguntas que, reconozco ahora, estaba estructurada por la lógica binaria del dar y recibir del intercambio, apuntaba a la idea inversión/rédito: ¿cuántas formas puede tomar el rédito, ya sea económico o simbólico, o qué tipos de réditos pueden esperarse llevando adelante un espacio de exhibición? Esto fue rápidamente desactivado con la palabra intangible. 

- No es inmediato, no siempre la ves, sucede en otro tiempo.

Percibo en lxs chicxs un cierto relajo en no poder y no necesitar entender ahora en qué derivan sus prácticas. En vez de poner el foco en qué pueden hacer, prefieren concentrarse en qué saben hacer, en cómo poner en marcha los bagajes preexistentes, cómo propiciar que pasen cosas sin producir significaciones sobre ellas. Lucas me dice nuevamente que no le importa tanto el rédito sino el estar haciendo.

Me queda claro que las cosas que suceden en LAR están más lejos del cálculo y más cerca de las ganas, y que la tarea de Lucas y Belén está fuertemente orientada a sostener un espacio para que las cosas sucedan, enmarcada por el juego azaroso de esquivar las formas pre cocinadas de lo que debe ser un espacio de artes. Me voy de LAR con todas mis sospechas confirmadas, y con una esperanza ridícula y radicalmente renovada en que el accionar colectivo y autogestivo en pos del deseo y el intercambio desinteresado que proponen las prácticas artísticas, quizás no sea un plan tan chino ni un horizonte tan lejano.

5 de mayo del 2022